Cuatro lecciones de oro para científicos

[Parte de una charla dada por Stephen Weinberg, Premio Nobel de Física 1979 y co-fundador de la teoría electrodébil, en la Universidad McGill en junio de 2003. Traducción: Arturo Quirantes Sierra]

Cuando obtuve mi título universitario -hará unos cien años- la literatura física me parecía un océano vasto e inexplorado, cada parte del cual tenía yo que cartografiar antes de comenzar una investigación propia. ¿Cómo podría hacer nada sin saber antes todo lo que ya se había hecho? Afortunadamente, en mi primer curso de universidad tuve la buena suerte de caer en las manos de físicos experimentados que insistieron, por encima de mis objeciones ansiosas, en que yo debía comenzar haciendo investigación, e ir pillando lo que necesitase por el camino. Era hundirse y nadar. Para mi sorpresa, me di cuenta de que funcionaba. Me las arreglé para obtener un rápido doctorado, aunque cuando lo obtuve no sabía casi nada de física. Pero aprendí algo importante: que nadie lo sabe todo y que no tienes que saberlo todo.

Naukas.

Otra lección para aprender, siguiendo mi metáfora oceanográfica, es que mientras nadas sin hundirte debes dirigirte a aguas turbulentas. Cuando enseñaba en el Instituto de Tecnología de Massachusetts a finales de los años sesenta, un estudiante me dijo que quería hacer relatividad general en vez del área en que yo trabajaba, física de partículas elementales, porque los principios de aquélla eran bien conocidos, mientras que ésta le parecía un lío. Me sorprendió que me hubiera dado un motivo perfectamente válido para hacer justo lo contrario. La física de partículas era un área donde aún podía hacerse trabajo creativo. Realmente era un lío en los sesenta, pero desde entonces el trabajo de muchos físicos teóricos y experimentales fue capaz de ordenarlo y juntarlo todo (bueno, casi todo) en una teoría hermosa conocida como el modelo estándar. Mi consejo es que busques los líos… ahí es donde está la acción.

Mi tercer consejo es, posiblemente, el más difícil de seguir. Se trata de perdonarte a ti mismo por perder el tiempo. A los estudiantes se les pide que resuelvan solamente problemas que sus profesores (salvo que sean innecesariamente crueles) saben que son resolubles. Además de eso, no importa si los problemas tienen importancia científica, tienen que resolverse para aprobar el curso. Pero en el mundo real es muy difícil saber qué problemas son importantes, y nunca sabes si en un momento dado de la historia un problema es resoluble. [...]

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