El asturiense que salió de las cuevas

El prehistoriador Pablo Arias Cabal, durante una conferencia en Cabrales. J. g. caso

El prehistoriador Pablo Arias Cabal, durante una conferencia en Cabrales. J. g. caso

Los asturienses no vivían en las cuevas sino en campamentos al aire libre. Esa es la tesis que defiende el ovetense Pablo Arias Cabal, profesor de Prehistoria de la Universidad de Cantabria, y que el próximo verano se ha propuesto desarrollar trabajos de campo encaminados a localizar alguno de esos asentamientos.

Javier G. Caso / La Voz de Asturias

Su investigación se enmarca dentro de un trabajo más amplio acerca de la transición del mesolítico al neolítico, momento en el que los hombres de la cultura asturiense, dedicados a la caza y a la recolección de vegetales y mariscos, se convierten en agricultores. Además de estudiar ese momento de transición en Asturias, el equipo de Pablo Arias Cabal incluirá trabajos de campo en Portugal y Bretaña.

Su proyecto, pendiente de los permisos de la Consejería de Cultura, pasa por llevar a cabo prospecciones geofísicas en distintos puntos de los concejos de Ribadedeva y de Llanes a lo largo del próximo mes de julio. “Sabemos que los hombres del mesolítico no vivían en las cuevas. En muchos casos eran basureros y quedaron llenas de conchas”, comentó Pablo Arias en alusión a yacimientos ubicados en el extremo oriental de Asturias. En esos lugares fueron localizados los denominados concheros asturienses, acumulaciones con restos de moluscos como bígaros o llampares , fruto del marisqueo que ejercían esos grupos del mesolítico.

La Borbolla y Pimiango Los planes de Pablo Arias Cabal, que hoy jueves ofrecerá una conferencia en el Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea) sobre el mesolítico en Asturias, pasan por actuar en tres puntos concretos: la Sierra Plana de la Borbolla, el entorno de Pimiango y una zona próxima a Posada de Llanes, área en la que se localizaron varios concheros asturienses.

“Vamos a utilizar unos aparatos del Instituto Arqueológico Alemán de Fráncfort. Se trata de una técnica superficial en la que empleamos unos aparatos que miden la susceptibilidad magnética del terreno, lo que permite localizar zanjas o zonas de hogares”. Del resultado de esos análisis vendrían posteriores sondeos.

Respecto al momento en el que los hombres del asturiense abandonan su faceta de cazadores recolectores para convertirse en agricultores, Arias sitúa ese momento de transición “poco después” del 5.000 antes de Cristo. “Hacia el 4.900 ya hay referencias de animales domésticos”, así como evidencias de cultivo de cereales, indicó este prehistoriador asturiano que desde hace años trabaja en la Universidad de Cantabria. En cuanto a la posibilidad de que los hombres del asturiense fueran los protagonistas de esa transición del mesolítico, una etapa a caballo entre el paleolítico y el neolítico, este investigador afirma: “es bastante probable” que los primeros grupos neolíticos fueran descendientes suyos. “De hecho, en algunas tumbas neolíticas aparecen picos asturienses”, añade Pablo Arias Cabal, quien subraya como esa transición fue más tardía en el área cantábrica que en otras partes de la Península Ibérica.

La cueva de los Canes Respecto a sus investigaciones en la cueva de los Canes, en Cabrales, a las que se referirá en su conferencia de hoy en el RIDEA, Arias Cabal da por terminados sus trabajos arqueológicos en este yacimiento en el que aparecieron varios enterramientos humanos cuya antigüedad va de los 6.000 a los 8.000 años antes del presente. Lo que no descarta es excavar en la cueva cabraliega de Arangas, un yacimiento del neolítico.

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