El cardo libera energía

Un agricultor en una plantación de cardos / LNE

Un agricultor en una plantación de cardos / LNE

La soja y el maíz, dos de los cultivos más empleados para la producción de biomasa y biocombustibles, tienen en el cardo un duro competidor. Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid, integrados en un proyecto europeo liderado por el Instituto Superior de Agronomía de la Universidad Técnica de Lisboa, han demostrado que el cultivo energético del cardo a gran escala es altamente eficiente y rentable.

El vegetal, muy extendido en Navarra y La Rioja, tendrá posibilidades de implantarse en Asturias, sobre todo en las zonas de vega con temperaturas suaves y heladas no demasiado agresivas.

El Grupo de Agroenergética de la Universidad Politécnica de Madrid inició en la década de los ochenta del pasado siglo los primeros estudios sobre cultivo y domesticación del cardo «Cynara cardunculus» para la producción de biomasa y semillas oleaginosas. Entre 1980 y 1986 lideró tres proyectos para el ensayo e introducción de este cultivo en diversos países europeos.

Para ello se utilizó una plantación de cardo de 77,4 hectáreas, situada en las proximidades de Beja (Portugal), y se analizó el desarrollo del cultivo a lo largo de toda la superficie de plantación mediante vuelo aéreo. Tanto el establecimiento como el manejo del cultivo se realizaron mediante técnicas agrícolas comunes típicas de cultivos extensivos.

El trabajo supone el primer registro documentado de plantación a gran escala del cultivo energético del cardo. Los resultados obtenidos son de utilidad, tanto para la comunidad científica como para empresarios e inversores agrícolas interesados en la explotación del cardo como cultivo energético. Un ejemplo es el hecho de que, con posterioridad a este trabajo, ya se están implantado miles de hectáreas de este cultivo en Europa.

La biomasa, energía renovable producida a través de material vegetal, está siendo activamente promovida tanto por razones medioambientales como económicas y geoestratégicas, especialmente desde la existencia de la Directiva de Energías Renovables.

Su importancia para la política energética de Europa se basa en que es una energía gestionable que tiene un gran potencial de producción, posee gran versatilidad para su conversión energética (biocombustibles sólidos, líquidos como bioetanol y biodiésel, gaseosos como el biogas y biocombustibles de segunda generación) y permite el desarrollo del concepto de agroindustrias y biorrefinerías.

En los últimos años se han propuesto distintas especies vegetales como potenciales cultivos energéticos para la producción de biomasa, con los que se ha realizado un gran esfuerzo de investigación y desarrollo.

Si para cualquier nuevo cultivo el salto desde el nivel de experimentación al de gran escala resulta crucial, en el caso de los cultivos energéticos es esencial.

Autora: M. J. Iglesias. Vía La Nueva España

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