El Comité de Bioética de España incorpora al avilesino Pablo Fernández

Pablo Fernández, en la redacción de La Voz de Avilés. Foto: Marieta

Pablo Fernández, en la redacción de La Voz de Avilés. Foto: Marieta

El cirujano avilesino Pablo Fernández se incorporará a finales de este mes de enero al Comité de Bioética de España junto con otros doce expertos del país con el fin de asesorar a los poderes públicos en temas de bioética. El nombramiento se publicó el pasado viernes en el Boletín Oficial del Estado y, una vez que tome posesión del puesto, pertenecerá por un periodo de cuatro años.

Formado en la Universidad de Oviedo, Pablo Fernández realizó la especialidad de Cirugía en el Hospital General de Asturias para ejercer la especialidad en el Hospital del Valle del Nalón. Hace tres años, se incorporó al servicio de Cirugía del Hospital San Agustín de Avilés, donde prosigue.

Fernando del Busto / La Voz de Avilés / El Comercio

«Mi interés por la bioética nació cuando comencé a trabajar, cuando surgían problemas para los que necesitábamos respuestas», explica. Posteriormente, en el Hospital del Valle del Nalón fue uno de los integrantes del grupo que impulsó la bioética en el centro. Además, realizó un master de post-grado sobre el tema.

Con su llegada al Hospital San Agustín mantuvo esa línea de trabajo, incorporándose a la comisión respectiva y que, actualmente, cubre todo el Área Sanitaria. «El trabajo en el Área se encuentra muy bien planteado, existe gente con mucho conocimiento y un gran interés como se ve en la formación continua de los profesionales», comenta.
Precisamente, apunta que su aportación a la Comisión de Bioética «estará más centrada en la práctica asistencial que en un perfil teórico». Pablo Fernández apunta que «aunque algunos aspectos de la bioética son muy mediáticos, como todo lo que tiene que ver con el fin de la vida o el aborto, en la práctica diaria, los profesionales encontramos muchos más asuntos que son igual de importantes».

Entre ellos, destaca temas como la protección o el respeto de la autonomía del paciente, un aspecto ante el que es muy sensible, especialmente en las personas mayores. «Hemos pasado de un modelo paternalista, donde el paciente depositaba su confianza en el médico a otro tipo de relación clínica en el que es necesario solicitar consentimiento sin haberse producido un cambio cultural», asevera.

Siendo necesaria el aumento de una «cultura sanitaria» en la propia población, este nuevo modelo presenta complicaciones en colectivos concretos, como personas con capacidad para relacionarse y también los ancianos. «En ocasiones, su capacidad para entender es perfecta, aunque existe una mayor dificultad por su edad. Es un tema muy delicado y que me preocupa», comenta Pablo Fernández.

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