El Cuaternario de Cuerres aflora

 El paleontólogo Diego Álvarez Lao extrae rocas de la cueva. Foto: P. Martínez

El paleontólogo Diego Álvarez Lao extrae rocas de la cueva. Foto: P. Martínez

Los secretos prehistóricos que yacen en el subsuelo de Cuerres, en Ribadesella, están un poco más cerca de ser desvelados. Un año después de que el yacimiento se hiciera público, ayer comenzaron los primeros trabajos para excavar el interior de una cueva de la que nada se sabía.

Patricia Martínez / La Nueva España

Durante las obras de construcción de una casa, Pedro y Alejandro García, gerentes del restaurante riosellano La Cerezal, en Collera, descubrieron un agujero poco mayor que una pelota de tenis, tras el cual se encontraron con una cavidad. Su sorpresa fue mayúscula al saber que, hace entre 20.000 y 40.000 años, en la etapa final del Cuaternario, un número aún por calcular de animales cayó en la oquedad y dejó en ella sus huesos.

El paleontólogo Diego Álvarez Lao, profesor de la Facultad de Geología de la Universidad de Oviedo, presente en todas las incursiones científicas en la cueva, es el director de la excavación, en la que espera contar con otras tres personas “para poder trabajar con buen rendimiento”. Deben compaginar la investigación en Cuerres con sus obligaciones laborales y no pueden “plantear una campaña continua, pero sí en la medida de lo posible venir a trabajar”, explica Álvarez Lao. Sobre la financiación, el paleontólogo apunta que están esperando, pues solicitaron un proyecto a la Universidad de Oviedo que todavía no se ha resuelto.

En caso de que se lo denieguen, asegura que buscarán alternativas, pues “el yacimiento es de una importancia tal que lo merece”. Lo que sí ha otorgado ya la Consejería de Cultura, responsable del patrimonio regional, es la aprobación del proyecto de investigación, cuya tramitación explica la demora en el inicio de las excavaciones.

Por el momento, el equipo está acondicionando el yacimiento “para poder trabajar, quitando elementos que puedan entorpecer, como bloques sueltos”. El científico contó ayer para esta tarea con la ayuda de Pedro García, uno de los descubridores y propietarios del terreno. Para Álvarez Lao, este es el “trabajo menos grato, pero necesario”.

Retiran los bloques mediante un caldero y una cuerda, una tarea que esperan que dure poco para “poder empezar a trabajar lo antes posible”, subrayó. El siguiente paso en la preparación del yacimiento para ser excavado será “establecer una cuadrícula y empezar por el cuadro más fructífero, con mayor concentración” de restos. Una vez realizada esta labor será el momento de desenterrarlos, extraerlos y restaurarlos, pues el paso de los miles de años ha dejado evidente huella.

“Se elimina el sedimento, se endurecen y se reconstruyen cuando es necesario”, describe Álvarez Lao. Hablar de tiempos para esto es prácticamente imposible, pues no saben con qué se van a encontrar y todo “depende del volumen de material que haya”, añade el paleontólogo.

A juzgar por lo visto hasta ahora -se han extraído unos 70 fósiles “del más alto valor paleontológico”-, ese volumen va a ser considerable. Se ha confirmado la presencia de grandes mamíferos hervíboros y carnívoros, como el bisonte (del que se encontró un asta unida a la tapa superior del cráneo), la hiena, el ciervo y el rinoceronte lanudo. En este último caso, se baraja la hipótesis de que el resto localizado sea “un diente de leche de un ejemplar con menos de siete años”.

También fueron hallados restos de un reno y de un corzo, y algunos huesos que aún no se han podido atribuir a una especie concreta. En cualquier caso, los encontrados hasta ahora pertenecen a animales de la era glacial, que en su día perecieron al caer en la “trampa natural” que conforma la cueva sin poder ser devorados por ningún depredador.

Esas condiciones naturales, que permitieron una excelente conservación de los restos de los animales, y la pericia de los investigadores hilarán una historia milenaria que enriquece, aún más, el patrimonio prehistórico del concejo de Ribadesella.

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