El HUCA desarrolla una nueva cirugía contra el párkinson, en un programa mundial de ensayo

Imagen radiológica en la que se ve un electrodo ya instalado en el cerebro. Foto cedida por el HUCA

Imagen radiológica en la que se ve un electrodo ya instalado en el cerebro. Foto cedida por el HUCA

Dulce Fonseca llevaba unas cuantas horas en el quirófano. El equipo de neurocirugía dirigido por el doctor Fernando Seijo le instalaba en el cerebro un electrodo que a partir de ahora le controlará la enfermedad de Parkinson. Cerebro abierto y ella, despierta, hablando con los médicos. En una de éstas, les espetó: «Voy a deciros una cosa: estoy muerta de fame».

[...] La intervención de Dulce no fue una operación al uso. No lo ha sido ninguna de las aproximadamente 500 que se han realizado en el HUCA para el control del párkinson. Son minuciosas, largas, costosas y requieren un equipo amplio, experto y unido. Se trabaja al milímetro, dice Fernando Seijo, el neurocirujano que ya en 1996 inició la cirugía del párkinson en Asturias. Pero esta última, la del jueves, está programada dentro de un ensayo mundial de una nueva técnica. Tan sólo seis hospitales europeos (Reino Unido, Francia, Austria, Alemania, Italia y España) han sido designados para llevarla a cabo. Y el español es el HUCA. Entre todos abordarán unas cuarenta intervenciones en un año y será el momento para evaluar los resultados. El HUCA lleva tres, sin novedad.

Las operaciones de control del párkinson comenzaron en la década de los noventa. El actual programa en evaluación incluye la inserción dentro del cerebro del paciente de un sofisticado electrodo con ocho contactos de platino e iridio, asociado a una pequeña batería que se instala en el tórax -algo parecido a un marcapasos- y que tiene una vida larga de no menos de quince años y se puede recargar en casa. El electrodo, a simple vista, no deja de parecer un mínimo alambre flexible que, instalado milimétricamente en el punto del cerebro donde se ubica el problema, tendrá un papel fundamental en su solución.

Hasta la fecha los electrodos que se instalan en los cerebros de los enfermos de párkinson disponen tan sólo de cuatro placas o contactos. El estimulador al que queda conectado se programa mediante telemetría y es una batería que ahora sólo dura unos cinco años. El avance es significativo.

En España hay unos ocho mil pacientes pendientes de este tipo de cirugía. En 1998 el Ministerio de Salud aprobó el protocolo de uso para los tratamientos neuroquirúrgicos del párkinson, y un año más tarde el Insalud eligió los centros de referencia. Entre ellos estaba el HUCA. Y desde entonces se ha mantenido en ese grupo de élite nacional, junto a otros cuatro centros de Galicia, País Vasco, Barcelona y Madrid. «Aquí nos llegan pacientes de toda España. Esta mañana he atendido a un canario, a un cántabro y a un extremeño», explica Fernando Seijo.

El proceso de intervención quirúrgica requiere precisión matemática para que los cirujanos sepan el lugar concreto del cerebro donde será preciso actuar. Se llega a él mediante trazado de coordenadas a partir de las radioimágenes. «Es preciso llegar al centro del cerebro para colocar el electrodo con un margen de error menor a un milímetro». Primero, un electrodo de exploración que va a servir de instrumento para la prueba definitiva. Instalado en ese sitio del cerebro hiperactivo, es capaz de regular su funcionamiento sin causar lesiones. Y el paciente, sobre la mesa de operaciones, es capaz de ver cómo su mano afectada deja de temblar. Los médicos le piden que haga movimientos con ella, que abra y cierre los dedos, que se ponga a contar. Es un momento de intensa emoción. Lo recordaba Dulce Fonseca desde su cama de la habitación 409 del HUCA.

«Vi que podía controlar la mano y lo primero que pensé es en mi familia, en lo mucho que han estado pendientes de mí durante todos estos años. Pensé en mis tres hijos, en mi nieto y en mi marido, que es un cielo de paisano».

[...] Atrás quedan muchas frustraciones, «la incomodidad de querer hacer algo, por simple que sea, y no poder», y mucho malestar, «ese decaimiento cuando ves que la enfermedad va a más, y contra la que no sirven ni pastillas ni parches ni inyecciones. Algo fuera de serie, fíu».

No todos los potenciales candidatos a una operación contra el párkinson tienen la misma sangre fría que Dulce Fonseca. «Cada paciente es valorado por neurólogos expertos» -explica Seijo- «y también desde el punto de vista psicológico» para evitar situaciones comprometidas ya dentro del quirófano.

Los neurocirujanos cuentan con un argumento que para muchos pacientes se vuelve definitivo: ésta es una cirugía de efectos inmediatos y, por tanto, visibles y palpables desde el primer momento. Y quien lleva años dominado por el párkinson sabe lo demoledora que puede resultar esta dolencia.

En los años ochenta la cirugía contra el párkinson era ciencia ficción. Ahora, aquellas primeras operaciones realizadas en Asturias desde 1996 a 1998 resultan casi prehistoria clínica. La técnica consistía en generar una lesión en la zona hiperactiva del cerebro para anular sus efectos.

Vía La Nueva España. Autor/a: Eduardo García.

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