El HUCA localiza cuatro genes que sirven para detectar efectos adversos en trasplantes

De pie, Carlos López Larrea, jefe de Inmunología del HUCA. Junto a él, Ramón Rodríguez López. Foto: Mario Rojas

De pie, Carlos López Larrea, jefe de Inmunología del HUCA. Junto a él, Ramón Rodríguez López. Foto: Mario Rojas

Predecir, anticipar o, incluso, poder diagnosticar complicaciones durante un proceso de trasplante resulta de vital importancia para el éxito futuro de la intervención. Una investigación llevada a cabo en el Servicio de Inmunología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) ha permitido localizar cuatro genes que sirven para diagnosticar posibles complicaciones postrasplante. De momento, el trabajo se ha centrado en los implantes de médula ósea y en un trastorno muy frecuente en este tipo de tratamientos como es la ‘enfermedad del injerto contra el huésped’, pero sus responsables aseguran que los resultados de la novedosa investigación podrían hacerse extensivos a otros trasplantes de órganos.

L. Fonseca / El Comercio

Pero vayamos por partes. Lo que han identificado investigadores del Servicio de Inmunología del HUCA son cuatro genes que actúan como biomarcadores moleculares y con los cuales se puede confirmar si un paciente que ha recibido médula ósea de un donante no emparentado (trasplante alogénico) padece lo que se llama ‘enfermedad del injerto contra el huésped’ (EICH). Se trata, según explicó el jefe de Inmunología del Central, Carlos López Larrea, de una complicación muy frecuente y que puede ocurrir después de un implante de médula ósea, en el cual el sistema inmune trasplantado del donante, reconoce al receptor como extraño originando una respuesta celular similar a un trastorno autoinmune.

El estudio del HUCA ha sido publicado recientemente en la revista PLOS ONE y fue realizado por el Servicio de Inmunología del HUCA (primer autor el investigador Ramón Rodríguez López), en colaboración con los hospitales Arrixaca, de Murcia, y el Universitario de Salamanca. El trabajo ha contado con el apoyo de Cajastur, y ha participado también la Unidad de Epigenética del HUCA. La colaboración se enmarca dentro de la Red de Investigación Renal del Instituto Carlos III.

Para poder encontrar a estos cuatro genes, cuyos apellidos son IFN-gamma, FASL, IL-10 y PRF1, se analizaron patrones de metilación del ADN de sangre periférica en 47 parejas de donante y receptores de trasplante de médula. En palabras de López Larrea director del grupo, «la metilación del ADN es uno de los mecanismos de control de la expresión génica impidiendo que determinados genes se transcriban». El caso es que para evitar que un gen se active de forma anómala causando estragos en las células, los organismos dependen de la metilación de ADN, que hace que los genes que no sean necesarios se mantengan desactivados. Estos mecanismos requieren un control muy fino y su desregulación puede conducir a procesos tumorales

500 casos en España
La forma en la que se expresan estos cuatro genes y que se pueden deducir gracias a la metilación del ADN «sirve para saber si el paciente trasplantado de médula ósea ha desarrollado la enfermedad del injerto contra el huésped». La prueba consiste en un simple análisis de sangre pero su potencial «es enorme». El objetivo, explica López Larrea, «era intentar determinar la existencia de biomarcadores que permitan evaluar el estado inmunológico de los pacientes de una manera más sencilla que con las técnicas habituales».

El trastorno contra el huésped tiene una alta prevalencia y, en ocasiones, puede cursar de manera aguda generando complicaciones gastrointestinales y otros problemas graves. Se estima que entre el 60 y 70% de los que reciben un trasplante de donante no emparentado «lo desarrollará». En España, donde se hacen unos 900 implantes al año, «estaríamos hablando de unas 500 personas».

«Queremos extender el estudio a injertos de corazón, riñón e hígado»
El trabajo presentado por el HUCA y que podría tener su extensión en trasplantes de órganos sólidos, ha permitido concluir que los cuatro genes estudiados «presentan una buena relación entre sensibilidad y especificidad. Si los resultados se confirman en un grupo más amplio de pacientes, incluidos los que reciban trasplantes de órganos sólidos, estaríamos ante una serie de biomarcadores que podrían tener valor diagnóstico y quizá también valor pronóstico», indicó Carlos López Larrea. «La idea es trasladar este tipo de estudios a trasplantes de órganos sólidos (riñón, corazón de hígado). La selección de donantes idóneos en este tipo de trasplantes se selecciona en base a criterios de compatibilidad HLA. Pero nos faltan marcadores moleculares para predecir las complicaciones de rechazo (agudo y crónico). El análisis en una pequeña muestra de sangre de patrones de metilación de genes concretos relacionados con la respuesta inmune puede abrir un nuevo horizonte».

No es la primera vez que el HUCA da un paso adelante para predecir rechazos en los trasplantes. Ya en 2009, investigadores de Nefrología y de la Unidad de Inmunología pusieron en marcha un estudio entre 300 pacientes trasplantados para verificar el potencial del receptor ‘NKG2D’ como nuevo marcador para predecir y diagnosticar el rechazo de órganos trasplantados. Parece ser que un mayor conocimiento de la presencia de estas moléculas durante las situaciones de rechazo y de las consecuencias que puedan tener la interacción de ‘NKG2D’ con sus ligandos, permitiría identificar nuevas dianas moleculares y desarrollar estrategias terapéuticas para reducir rechazos.

Esta entrada fue publicada en Biosanitario y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.