El pez robot se prueba en Gijón

El pez robot, en un estanque del Acuario de Gijón junto a grandes tortugas / Luis Sevilla

El pez robot, en un estanque del Acuario de Gijón junto a grandes tortugas / Luis Sevilla

El estanque principal del Acuario de Gijón sirvió ayer para presentar uno de los tres prototipos de pez robot que se han elaborado al amparo del proyecto comunitario Shoal, en el que participa la Autoridad Portuaria, y que tiene como objetivo conseguir un sistema más eficiente y en tiempo real de vigilancia de la calidad química y medioambiental de las aguas de los puertos.

Marco Menéndez / El Comercio

Los tres prototipos están siendo probados en la actualidad en aguas de El Musel y para construir estos equipos ha sido necesaria también la participación de universidades y centros de investigación del Reino Unido, Francia e Irlanda, ya que los dispositivos cuentan con tecnologías que abarcan desde la inteligencia artificial hasta la radio-localización, las comunicaciones submarinas, los análisis químicos, la hidrodinámica o los movimientos de los propios peces robot.

Puertos, ayuntamientos y acuarios ya han mostrado su interés por este proyecto, con el fin de garantizar la calidad medioambiental de sus aguas. Pero para que estos dispositivos se puedan comercializar aún ha de ser perfeccionado y se calcula que cada uno cueste unos 25.000 euros.

En la presentación de los peces robot participaron Julio de la Cueva, director de la Autoridad Portuaria de Gijón, y Luke Speller, director del Proyecto Shoal. Ambos detallaron que se ha trabajado en estos dispositivos durante los últimos cuatro años y que se ha dispuesto de un presupuesto de 4,2 millones de euros, el 70% aportado por la Unión Europea. De la Cueva explicó que «pueden controlar muchos parámetros, como la salinidad, el nivel de oxígeno o la presencia de matales pesados en el agua, pero se pueden introducir muchos más. Además, el hecho de que los tres peces robot trabajen en equipo hace que el control sea mucho mayor».

Los 1.300 puertos europeos invierten en controlar sus aguas mediante el método tradicional -buzos que recogen muestras y se remiten a un laboratorio para analizar- unos 350 millones de euros. Sólo el Puerto de Gijón gasta en ello 100.000 euros cada año. Por eso, De la Cueva considera que es un método «mucho más barato y eficaz, porque los datos se tienen en tiempo real».

«Condiciones reales»
Luke Speller explicó que se eligió Gijón para probar los prototipos «y saber cómo se comportan en condiciones reales. Hay que tener en cuenta que los peces robot trabajan en aguas someras, por lo que es más difícil debido al ruido y las interferencias que pueden generar los barcos».

Estos dispositivos tienen una gran ventaja frente a otros equipos submarinos, como, por ejemplo, que al moverse igual que un pez, son más ágiles, no generan ruido y no interfieren con los animales del entorno, al tiempo que pueden trabajar en equipo, recoger un amplio abanico de parámetros, enviarlos en tiempo real a una base de datos y, cuando cuentan con poca energía -la batería tiene una duración de ocho horas- van de forma automática a una base de recarga.

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