El pez robot toma cuerpo

Dos de los peces robot que fueron presentados en Gijón hace un año, con motivo del Día Marítimo Europeo 2010. :: CITOULA

Dos de los peces robot que fueron presentados en Gijón hace un año, con motivo del Día Marítimo Europeo 2010. :: CITOULA

El proyecto de peces robot para controlar la calidad de las aguas en los puertos europeos toma cuerpo. Aunque las pruebas en el medio marino estaban inicialmente previstas para esta primavera, no se producirán realmente hasta dentro de un año. La causa de la demora no es en este caso la paralización generalizada de inversiones, sino la complejidad de crear unos artefactos capaces de trabajar incluso en mares como el Cantábrico en cualquier época del año. El ahorro esperado, unos 350 millones al año en los puertos europeos (unos 250.000 euros en El Musel), justifica la continuidad del proyecto sin recortes presupuestarios.

El diseño de un pez robot anticontaminación capaz de funcionar durante todo el año en un mar fuerte como el Cantábrico es bastante más complicado que el necesario para echar a la piscina de un acuario o a un estanque unos prototipos sin más objetivo que crear buenas expectativas de éxito. El pez robot exhibido hace un año en Gijón pudo ser recogido sin dificultad, pero el que está previsto echar al agua la próxima primavera en Gijón tendrá 1,2 metros de longitud y pesará 60 kilos.

Trabajan en patrulla
Los objetivos marcados complican el mecanismo y engrosan el artilugio, cuya construcción continúa a buen ritmo, según informaron a El Comercio fuentes próximas al proyecto, en el que está implicada la Autoridad Portuaria de Gijón. Están en preparación cinco peces robot, con la idea de echar tres al agua y dejar dos en reserva. Funcionarán en patrulla e interconectados, de forma que si uno descubre un indicio de contaminación, ‘avisa’ a los otros dos y los tres comienzan a triangular en la zona para confirmar la alarma. Habitualmente, navegarán hasta una profundidad de dos metros, ya que la mayoría de los contaminantes portuarios son productos químicos que están en la superficie. No obstante, cuando encuentran contaminación rastrean hasta los 20 metros de profundidad en un área triangular de 100 metros por lado.

El Musel acogerá las primeras pruebas, pero el pez-robot es una iniciativa europea que excede el ámbito local y su diseño implica que pueda ser aplicado en todos y cada uno de los 1.239 puertos comerciales que tiene Europa: unos, en mares resguardados; otros, fluviales, y otros, sujetos a condiciones más severas que las habituales en El Musel.

En ese sentido, hay que tener en cuenta, por una parte, que estos innovadores instrumentos para controlar la calidad de las aguas no se circunscribirán a las aguas protegidas por los diques, sino que habrán de ‘sobrevivir’ también en mar abierto, al menos tanto como lo es la bahía de San Lorenzo. Aunque no será necesario que los peces salgan a explorar en medio de un temporal, la normativa comunitaria obliga a controlar la calidad de las aguas todo el año.

Todo eso complica las investigaciones para que los nuevos prototipos se parezcan ya bastante más a las piezas que lleguen a comercializarse por aportar garantías de eficacia y rentabilidad.

La economía es factor importante en el proyecto, como lo demuestra la circunstancia de que, según publicó recientemente una revista editada por el Ministerio de Fomento, la previsión de ahorro anual en el conjunto de los puertos europeos alcanza la muy respetable cifra de 350 millones de euros. En el caso de Gijón, El Musel dedicó cerca de 800.000 euros al año en controlar la calidad de las aguas durante las obras de ampliación. Con los vertidos de piedra finalizados y menos embarcaciones trabajando en el entorno del puerto, la frecuencia o cantidad de los análisis es menor y el gasto, también, pero, aún así, se estima un presupuesto de entre 250.000 y 300.000 euros al año para realizar la detección de contaminantes.

Análisis inmediato
Los peces robot están dotados con detectores que analizan sobre la marcha el agua y comunican de forma inmediata los resultados de sus pesquisas, de forma que es posible activar en poco tiempo los operativos de limpieza. Actualmente, los puertos contratan a empresas que con embarcaciones obtienen muestras del agua en determinados puntos y a distinta profundidad; dichas muestras son enviadas al laboratorio, que tarda varios días en efectuar el análisis y la actuación limpiadora se efectúa, si todavía es posible, transcurrido un plazo importante desde que la muestra fue obtenida.

Aunque cada pez robot costará unos 20.000 euros, según las previsiones, el ahorro no sólo se produce en la fase puramente analítica, sino también, que es más importante, en la captación de muestras.

Vía El Comercio

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