El Sueve, un mapa arqueológico

Un arqueólogo trabajando en el yacimiento del Sidrón

Un arqueólogo trabajando en el yacimiento del Sidrón

Con la vista atrás y la guía adecuada, el entorno de la Sierra del Sueve puede ser un gran museo abierto en el que reconocer restos que van desde el Paleolítico hasta construcciones medievales, pasando por el Neolítico y la romanización. Los diferentes yacimientos han tenido una publicidad muy desigual entre la mediática cueva de El Sidrón, en Piloña, y el castro de Caravia, excavado hace un siglo y hoy cubierto por la vegetación.

El arqueólogo Vicente Rodríguez Otero los ha reunido en una conferencia que pronunciará el sábado (18,30 horas) en el Centro de Interpretación Sierra del Sueve y en la que se centrará en tres hitos: los dos ya mencionados y la lápida romana dedicada a la diosa Mitra que apareció en la localidad colunguesa de La Isla. Rodríguez toma el ámbito comprendido entre la propia sierra, las cuencas del Sella y el Piloña, la rasa de Villaviciosa y el mar Cantábrico. En este espacio se han hallado materiales del Paleolítico inferior -concretamente del Achelense, una industria lítica de este periodo- y medio como lanzas, bifaces y raspadores.

P. Martínez / La Nueva España

La siguiente referencia arqueológica se traslada a la falda del Sueve, donde hace 50.000 años se estableció uno de los grupos neandertales procedentes de Europa. En algún lugar situado entre Vallobal y Taranes, en el concejo de Piloña, se halla el yacimiento de Sidrón, habitado en el Paleolítico medio.

La próxima parada del recorrido -tras el Paleolítico superior- son los túmulos, complicados de datar con exactitud. El arqueólogo precisa que “en esta zona no está muy claro si son neolíticos o ya de la Edad de los Metales”, entre el 8.500 y el 1.000 antes de Cristo, aproximadamente. Por su parte, Gema Adán Álvarez cita en su Carta Arqueológica de Colunga y Caravia (1992) once restos del Neolítico/Calcolítico y Edad del Bronce correspondientes a túmulos ubicados, entre otros, en Gobiendes y Sales (Colunga) y Duesos (Caravia), donde se construyó una cámara pétrea.

La misma autora da cuenta de la necrópolis en la localidad colunguesa de Libardón. La Edad del Hierro -en torno al año 600 hasta el 19 o 20 antes de Cristo- es la siguiente estación y está representada en la zona por el castro de Caravia, excavado por Aurelio del Llano a principios del siglo XX. Se trata del “castro típico con sus defensas”, describe Vicente Rodríguez, y el material recuperado está en el Museo Arqueológico.

No goza de tal situación el castro en sí, que se encuentra comido por la maleza. Rodríguez cree que de esta forma, con “una cobertura vegetal no muy potente, con raíces poco profundas, está bien conservado”. No quiere decir esto que el arqueólogo defienda el abandono de los yacimientos, pero asegura que “en la disyuntiva” de mantenerlo como está o exponerlo al público pero no con la vigilancia y el mantenimiento adecuados prefiere su estado actual, en el que la vegetación evita que se degrade por la acción de los factores ambientales.

El entorno del Sueve “esconde” más castros, hasta diez son los inventariados según la carta arqueológica de Gema Adán. La autora ubica estas construcciones defensivas en las localidades colunguesas de La Isla -similar al de Coaña, sólo conserva parte de un talud y un foso cortado- en Lue, Duz, Gobiendes, Pernús y La Riera, entre otros.

La siguiente huella en la sierra, en orden cronológico, es la que dejó la romanización, en torno al siglo I de nuestra era. Según apunta Adán, hay villas en La Isla, Gobiendes, Libardón, Luces y Duz (Colunga) y, en ocasiones, se unen a ellas hornos (La Isla, La Griega y Fano, también en Colunga), sepulcros e incluso lugares de culto. En uno de estos se detendrá el arqueólogo Vicente Rodríguez, en la lápida hallada en La Isla y dedicada a la diosa Mitra, que se puede ver en el Museo Arqueológico. El científico destaca que en la zona hay “bastantes lápidas, muchas de carácter votivo”, de adoración.

Otro resto importante es la estela funeraria hallada en Duesos (Caravia) que se puede ver en el interior de una vitrina junto a la iglesia de la localidad. El viaje arqueológico por la comarca del Sueve continúa en la Edad Media, periodo que no se abordará en la charla del sábado por lo limitado del tiempo y lo extenso de la materia.

De esta época se recogen en la carta arqueológica de Gema Adán dos hábitats, en Lue y La Riera (Colunga), y se apunta que este último “enlaza con el poblamiento castreño”. Hay, además, indicios prerománicos en La Isla, Caravia, Gobiendes y Libardón e iglesias románicas en Prado (Caravia), Duz y Colunga. Añade la autora que la mayor parte de restos medievales son “torres-castillos” en Caravia, La Isla y Duz (Colunga) y en Torre (Ribadesella) y hay fortificaciones en Gobiendes, Huerres y La Poladura (Colunga). Sobre la conservación de los restos, Adán ya apunta que la de la época de romanización fue mermada por varias construcciones y califica la de los restos medievales de “arlamante. En las ruinas de Duz crecen eucaliptos, los canecillos de San Cristobal (Colunga) decoran la tapia del cementerio; la torre de Huerres es una cuadra y la mayor parte han sido arrasados por las labores agrícolas”.

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