El tesoro de la isla de Mull

Los participantes en el congreso, durante una de las ponencias celebradas ayer en el centro Niemeyer de Avilés. mara villamuza

Los participantes en el congreso, durante una de las ponencias celebradas ayer en el centro Niemeyer de Avilés. mara villamuza

Decir que la mullita es un silicato de aluminio normalmente obtenido a partir de arcilla o caolín no es que sirva para sacar de muchas dudas a aquellos que no han escuchado en su vida el nombre de este material, aunque para eso están los expertos: «A grandes rasgos se trata de un material cerámico que resiste temperaturas altísimas y que esta siendo fundamental para el desarrollo de campos como el aerospacial, el energético o la biomedicina», explicó el profesor Ramón Torrecillas, del Centro de Investigación en Nanomateriales y Nanotecnología de Asturias (CINN), que ayer hizo de anfitrión durante la primera jornada del Congreso Internacional sobre Mullita y Materiales basados en Mullita que está teniendo lugar en el centro Niemeyer. La cita, que ha trasladado a Avilés a los máximos expertos mundiales en esta materia, seguirá hoy y se prolongará hasta mañana con seminarios y conferencias sobre los recientes avances producidos en relación con la fabricación, las propiedades y la aplicación de la mullita.
La mullita se produce de forma natural exclusivamente en la isla de Mull, en la costa occidental de Escocia, pero se trata de un «capricho geológico» ya que no se dan cantidades como para explotar la zona, que se ha convertido en una especie de reserva mundial de la mullita. «El material se consigue a través de diferentes procesos químicos, un kilo de mullita debe andar por los doscientos euros en el mercado. Lo de la isla de Mull es algo casi simbólico, eso no se toca», señaló Torrecillas, que añadió: «No obstante se están presentando unos 500 trabajos científicos al año sobre este material, cuyas aplicaciones son muchas y muy variadas».

Por poner un sólo ejemplo, gracias a unas placas desarrolladas con mullita que ya están funcionando en los aviones comerciales, las aeronaves contaminan un 80 por ciento menos y gastan un 20 por ciento menos de combustible. «Con estas placas se protegen los motores de las altas temperaturas y aumentan su rendimiento y su efectividad. Es muy importante, además todo esto se acabará aplicando de forma habitual en industrias como la del automóvil», aseguró José Serafín Moya, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), entidad que colabora en el congreso junto al ITMA Materials Technology de Avilés, el Clúster de Refractarios de Asturias, el Ministerio de Ciencia e Innovación y el International Journal of Material Research.

La mullita también se está convirtiendo en un material básico dentro de campos como el de la energía solar fotovoltaica o el de los biocidas, además de ser fundamental en procesos industriales como el de la producción del acero, donde se trabaja con temperaturas muy altas. «Aquí en Avilés están 35 personas de diez nacionalidades distintas que llevan muchos años estudiando las posibilidades de la mullita y que son los mejores en esa materia, la verdad es que es un orgullo que un encuentro como este se celebre en Asturias y en un entorno como el del Niemeyer», subrayó Manuel Torrecillas. Las anteriores ediciones de este congreso de Mullita se han desarrollado en Tokio (Japón), Irsee (Alemania), Oban (Reino Unido) y Viena (Austria). Los participantes también tuvieron tiempo para la diversión y concluidas hoy las jornadas participarán en una espicha tradicional en una conocida sidrería.

Autor: Félix Vallina. Vía La Nueva España

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