El último esturión del Cantábrico

El esturión, tal como es exhibido, dentro de una pecera y conservado en alcohol. :: E. C.

El esturión, tal como es exhibido, dentro de una pecera y conservado en alcohol. :: E. C.

El Acuario de Gijón exhibirá este verano el último ejemplar de esturión aparecido hasta el momento en el Cantábrico, de cuya custodia habitual se ocupa el Museo de la Pesca del Centro de Experimentación Pesquera de Asturias. Se trata de un espectacular ejemplar de 2,5 metros de longitud y 120 kilos de peso, que cayó en el trasmallu (arte de pesca de red) de una embarcación gijonesa el 24 de noviembre de 2010. El aparejo se encontraba a unos ocho metros de profundidad en la bahía de San Lorenzo.

El Comercio

Aquella pesca accidental provocó un interés científico inmediato. El último registro de presencia de un esturión en aguas del Cantábrico databa, hasta entonces, de 1988, cuando apareció un ejemplar en las proximidades de San Vicente de la Barquera. Habían pasado casi 20 años desde la referencia anterior, esa vez en aguas de Tazones, en 1969. Los esturiones son algo más frecuentes en zonas fluviales de Francia, pero, en cualquier caso, se encuentran en claro peligro de extinción y gozan del máximo grado de protección a escala mundial. Su comercialización, ni que decir tiene, está totalmente prohibida.

Retorno
Técnicos del Acuario de Gijón fueron, precisamente, los primeros en hacerse cargo del animal cuando fue capturado, aunque luego sería el Centro de Experimentación Pesquera la entidad que se encargó de conservar su cuerpo. La muerte del esturión estuvo rodeada no sólo de interés científico, sino también de polémica, ya que surgieron algunas dudas sobre si hubiera sido posible mantenerlo con vida.

Los testimonios recogidos en su momento hacen pensar que el animal sólo tenía «espasmos postmortem» cuando llegó a manos de los biólogos y, además, los daños ocasionados por las redes en sus aletas pectorales le hubieran imposibilitado nadar y se iría irremisiblemente al fondo.

El caso es que los captores del hasta ahora último esturión del Cantábrico no fueron conscientes, hasta llevarlo a puerto, ni de la especie a la que pertenecía ni de su alto nivel de protección. Por otra parte, todo hace pensar que el pez se enredó en el trasmallu varias horas antes de que los pescadores lo izaran y debió de plantear una dura lucha para intentar zafarse, cosa que le provocó heridas y cortes irrecuperables.

Ahora, alejada ya toda polémica, aquel pez constituye una singularidad importante que se suma a la colección piscícola habitual del Acuario de Gijón, que lo presenta al final del recorrido habitual por las inmensas peceras con animales vivos.

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