Ciencia paciente: experimentos que duran décadas, incluso siglos

El reloj de Beverly

El reloj de Beverly.

El mundo cambia ante nuestros ojos y muchas veces no nos damos cuenta porque todo ocurre demasiado despacio: la Tierra gira, las montañas crecen, los continentes se mueven. Acostumbrados a ir corriendo de un lugar a otro y con poco tiempo para la vida contemplativa, pocos somos los que estaríamos dispuestos a dedicar años a comprobar una idea.

Impensable para el común de los mortales, pero natural para un científico que sabe que el conocimiento solo se construye poco a poco y con paciencia. No son pocas las investigaciones que se han desarrollado a lo largo de las décadas hasta obtener un gran hito, pero menos común son los experimentos concretos que se han llevado a cabo a lo largo del tiempo, alcanzando algunos más de un siglo de duración.

El Confidencial. Autora: Rocío P. Benavente.

El reloj de Beverly

Desarrollado y puesto en marcha en 1964 por el profesor Anthur Beverly, el llamado Beverly Clock ha marcado el paso del tiempo desde entonces sin necesidad de darle cuerda, ponerle pilas ni utilizar ninguna otra forma de alimentación externa. Todo el mecanismo se basa en los cambios de presión y temperatura.

Las variaciones en la temperatura ambiental son suficientes para contraer y expandir el aire dentro de la caja de cristal sellada que contiene el mecanismo. Según los cálculos del autor, con una variación térmica de solo 6 grados Farenheit (3,3 grados Celsius) al día y un pie cúbico de aire (aproximadamente 28 litros) se obtiene la energía suficiente para mover una pulgada (2,5 centímetros) un peso de una libra (453 gramos), manteniendo el mecanismo en funcionamiento durante un día más. [...]

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