Investigando sobre hielo

Javier Cristobo, antes de su charla en el Colegio Corazón de María.  Mario Nosti

Javier Cristobo, antes de su charla en el Colegio Corazón de María. Mario Nosti

A Javier Cristobo, director del Centro Oceanográfico de Gijón, no hay misión científica que más le entusiasme que la de la Antártida. En unos días partirá hacia el continente helado junto a otras siete personas del Instituto Español de Oceanografía. Para él será su séptima campaña antártica pero no por ello menos ilusionante. A principios de este año ya realizó una primera fase de los estudios que ahora se rematarán en un plazo de entre seis y ocho semanas. Pero, ¿qué explora el Instituto Español de Oceanografía en la Antártida? «Se buscan pistas para luego dar datos a la industria farmacéutica sobre el potencial de determinados compuestos al objeto de fabricar medicamentos para enfermedades como el cáncer», explicaba hace unos días el director del Oceanográfico de Gijón a los alumnos del colegio Corazón de María en la clausura de sus jornadas científicas.

C. Jiménez / La Nueva España
Las campañas en la Antártida de los investigadores del Instituto Español de Oceanografía se desarrollan en la base española «Gabriel de Castilla» que ellos mismos definen como «un gran contenedor para proyectos científicos». En un pequeño laboratorio montado «ex profeso», con un temperatura permanente de dos grados bajo cero, trabajan en el análisis de depredadores de fondos marinos, en la investigación de determinados compuestos que la fauna marina de la Antártida rechaza pero que podrían ser potenciales recursos para el ser humano o también en el impacto del turismo en el continente helado. «Cada vez llegan más ferries que generan problemas de contaminación y residuos en las aguas y tratan de interaccionar con la fauna. Hay un impacto grande», reflexiona Cristobo. Fruto de estas observaciones, diversos organismos internacionales han mostrado interés en que, para futuro, «la regulación sea más efectiva» en esta zona del planeta. El director del Oceanográfico de Gijón recuerda que las reglas dicen que hay que mantenerse a cuatro metros de la fauna.

La mitad de la campaña antártica que inician el próximo día 12 se desarrollará en una base chilena porque, según explica, «allí todo el mundo se ayuda». Y para los que están tratando de desarrollar una carrera investigadora sostiene que «existe una salida increíble en las bases de la Antártida». El proyecto en el que está embarcado en este momento finaliza el próximo año pero no será el último para él que ha participado como investigador en 28 proyectos de investigación subvencionados, en expediciones científicas en la Antártida, África y Patagonia, entre otras, y ha realizado unas 83 comunicaciones presentadas en congresos nacionales e internacionales. Javier Cristobo es, además, buceador profesional y deportivo.

«Es una labor importante, la posibilidad de descubrir nuevas especies marinas, pero también por la aplicación práctica de algunos de los compuestos de esos animales para luchar contra diferentes enfermedades», apunta.

Uno de los experimentos que realizaron en la última campaña en el continente helado incluía el análisis de la alimentación de las esponjas y las estrellas de mar, sorprendentemente, «un abundante recurso en la Antártida». A estos animales se les preparó un menú a base de gambas llevadas desde España para analizar qué tipo de compuestos rechazaban. «Normalmente suelen rechazar como tóxicas, para ellos, las sustancias con propiedades antitumorales», explica el director del Oceanográfico de Gijón. Invertebrados marinos, como las esponjas, son una importante fuente de compuestos químicos con potenciales aplicaciones farmacológicas, añade Cristobo.

Tras las evidencias «in situ» se trasladan los datos a l la industria farmacéutica y en una segunda parte de la investigación se busca desarrollar esos mismos elementos químicos en el laboratorio para comprobar su efectividad sin necesidad de recolectar individuos del medio natural, para evitar la explotación de las poblaciones naturales de esponjas. Algunos de esos compuestos ya se están probando en el cáncer de ovario. «El potencial a futuro es altísimo», subraya Cristobo, doctorado en Biología (1996) y doctor europeo, investigador titular del Instituto Español de Oceanografía en la especialidad de Ecología Bentónica.

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