La FICYT devuelve 10 veces lo que cuesta

La principal oficina de gestión de la ciencia y la investigación en Asturias capta seis millones, con un coste de mantenimiento de 500.000 euros.

La FICYT tiene un nombre «imposible», la Fundación para el Fomento en Asturias de la Investigación Científica Aplicada y la Tecnología. Cuenta con 23 trabajadores en nómina, se mantiene con medio millón de euros que recibe del Principado de Asturias, gestiona casi 23 millones en programas de investigación regionales, nacionales y europeos, y está en la trastienda de la mayoría de los programas científicos que funcionan en Asturias. La entidad, que el anterior Gobierno asturiano quiso eliminar, captó el pasado año unos seis millones en ayudas nacionales y europeas.

Con el paso de los años, la Fundación comenzó a funcionar en 1985 con Pedro de Silva como presidente del Gobierno regional, la FICYT se ha convertido en pieza clave del engranaje de la gestión investigadora en la comunidad: ejerce de intermediaria, de fuente de información, de gestora frente a la burocracia, de coordinadora de programas… En la actualidad la Fundación trabaja en proyectos de investigación con unas 250 empresas y unos 3.000usuarios, entre los que está buena parte de la joven generación investigadora asturiana.

En la FICYT respiraron aliviados cuando el socialista Javier Fernández tomó posesión como nuevo presidente autonómico. El anterior partido en el poder, Foro Asturias, llevaba en su programa la eliminación de este organismo dentro de su plan de ajuste. No presentaba alternativas. «Todo aquello nos chocó y, por qué no decirlo, también desanimó», reconoce Ángeles Álvarez, la directora de la FICYT. Y lo explica: «Un organismo que le cuesta al Principado tan poco, que consigue traer de fuera diez veces más dinero de lo que le dan aquí y que logra todos los años un pequeño superávit, para qué prescindir de él».

Nunca les dieron explicaciones de aquella intención de cerrar una Fundación que, aparentemente, lo que hace lo hace muy bien, tiene buena prensa entre empresas e investigadores, presenta cuentas terriblemente austeras y dispone de un personal muy cualificado para hacer frente a la batalla diaria por lograr financiación para proyectos. La competencia es a muerte. «Quien un buen día decidió que la FICYT había que cerrarla o era un inútil o desconocía la realidad de este organismo», argumenta Ángeles Álvarez.
Enel año 2011 la FICYT gestionó esos 23 millones de euros, de los que 17 forman parte de proyectos del plan regional de ciencia y tecnología. En realidad, son fondos que se controlan desde esta oficina pero que no son suyos. Los fondos que precisa para su mantenimiento llegan en parte del Principado, que tiene el control de la sociedad con un 60%. El resto de ese control se lo reparten las empresas y la Universidad. Quien pone el dinero manda.

La impresión general es que en plena crisis los fondos nacionales para proyectos científicos van a sufrir un retroceso, y lo mismo ocurrirá con los fondos regionales. Se compensa con el dinero que sigue llegando de la Unión Europea, porque desde la UE se aplica la teoría de que en momentos difíciles la I+D+i necesita potenciación, y la potenciación, más fondos, Justo lo contrario de lo que ha hecho el Gobierno de España.

«Quedarse unos años sin recursos suficientes es lo peor que le puede pasar a la ciencia, porque no puedes dejar las cosas ahí y retomarlas dentro de un tiempo como si nada hubiera ocurrido», señala Álvarez. Así las cosas, Europa parece la mejor alternativa para la captación de dinero, que, por cierto, no cae del Cielo, sino que llega después de la presentación, defensa y evaluación de los proyectos desde Asturias. «Hay que tener mucho callo para competir bien».

El problema de la FICYT es el problema de la ciencia asturiana: falta de visibilidad. Tampoco es cuestión de estar todos los días en los medios de comunicación, pero es bueno que la opinión pública-y los políticos- sepan lo que se hace. La FICYT asturiana es la coordinadora desde el año 2000 de la red Galactea Plus del noroeste español, financiación de la Comisión Europea para proyectos de I+D+i, a la que ya se han sumado desde 2011 veinte empresas asturianas.

Y lo mismo sucede con las becas «Argo», gestionadas a nivel nacional desde Asturias para que jóvenes titulados universitarios de toda España puedan hacer prácticas en el extranjero en períodos de seis meses o un año. La FICYT maneja un banco de datos de más de 2.000 empresas en el mundo. A la FICYT han egado decenas de miles de solicitudes. Se filtran bien porque las estadísticas son contundentes: el 63%delos becarios «Argo logra trabajo en menos de tres meses, y casi la mitad de ellos lo hace en la empresa en las que han hecho prácticas. Nuestro problema regional no es la formación.

Los programas «Argo» y la red Galactea Plus son paradigmas de gestión eficaz, pero relativamente invisible. Lo mismo ocurría con los becarios «Severo Ochoa» si no fuera porque hace unos meses saltaron a la actualidad, muy a su pesar, a través de la polémica. Había retrasos en los cobros de sus sueldos porque la Consejería de Educación no pagaba. El asunto se resolvió a partir de una información publicada en este periódico y al hecho de que desde la FICYT, que ejercía de mero intermediario, se adelantara el dinero. El Principado debe a la Fundación unos dos millones de euros por diversos conceptos.

La experiencia a lo largo de 27 años de gestión en torno a la I+D+i regional es que «en Asturias se hace buena ciencia, pero se trata de Un mundo muy atomizado», estima la directora de la FICYT. Tenemos en la región treinta o cuarenta grupos investigadores de referencia, alguno de primera talla mundial, pero el escenario general no es ése. «Quizá hay que tener menos grupos, pero más grandes y más pluridisciplinares».

El déficit empresarial en I+D y el plan regional de ciencia que se resiste

Que la Fundación trabaje con las ya referidas 250 empresas asturianas en proyectos de investigación es un hecho que hay que tener en cuenta para las dimensiones de esta región periférica de apenas un millón de habitantes, pero las estadísticas son manifiestamente mejorables.

Las empresas investigan poco, probablemente porque la mayoría cree que no es necesario y se fía más del marketing. No se trata de que tengan un equipo estable de investigación, pero sí de que tengan los ojos abiertos. La FICYT pone en práctica las llamadas visitas de orientación tecnológica a empresas muy variadas de la región. Personal especializado que ve, hace una pregunta y la complementa con un comentario. La pregunta es «¿no os parece que…?» y el comentario es «os vamos a poner en contacto con…». Innovar no son sólo ideas felices que dan lugar a nuevos productos, sino también mejorar los que ya se tienen o poner en marcha procesos más eficientes.

Lo cierto es que las empresas asturianas están muy por debajo de la media europea en materia de I+D+i y que ése es un problema que no se resuelve de la noche a la mañana.

Otro sistema es el de la formación de los llamados agentes innovadores. «Cuando los metes en las empresas comienzan a dar ideas, a plantear cambios y se demuestra que en “un año empiezan a ser rentables», señala Ángeles Álvarez, quien lleva en la FICYT desde su fundación.

El plan regional de ciencia, mientras tanto, está pendiente de aprobación para un nuevo período. No se aprobó con el último Gobierno de Areces, quedó en suspenso, con algunas modificaciones, en los meses de mandato de Álvarez-Cascos, y ahora se aspira a que alguien lo rescate del baúl. Desde la FICYT se «urge» a la aprobación de ese nuevo plan, «aunque sólo sea para definir y conocer las prioridades». Ya que no hay para todo, que cada cual sepa a qué atenerse.

Publicado por: La Nueva España. Autor: Eduardo García.

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