La primera expedición científica de la historia

Un armadillo dibujado por la expedición de Francisco Hernández

Un armadillo dibujado por la expedición de Francisco Hernández.

Un enviado de Felipe II partió en 1570 hacia América para aprender los remedios medicinales centenarios, experimentarlos con los indios como cobayas humanas y explotarlos en Europa.

Fue “un Galileo Galilei de las ciencias naturales”, “un Hernán Cortés científico”, y sin embargo hoy no lo conocen ni en su pueblo, ni en España, ni mucho menos en el resto del mundo. Francisco Hernández, nacido en La Puebla de Montalbán (Toledo) en 1517, zarpó desde el puerto de Sevilla en 1570 para acometer la primera expedición científica de la historia. Por primera vez un rey no enviaba sus barcos para matar o expoliar, sino para “hacer la historia de las cosas naturales” de tierras remotas. Y Hernández regresó de América siete años después con mil folios de texto en latín acompañados de 2.000 fabulosas ilustraciones, con descripciones de unas 3.000 plantas y más de 500 animales. [...]

“Es sorprendente que Francisco Hernández se haya perdido en la memoria”, lamenta José Pardo, un historiador que lleva 20 años rastreando archivos en busca de huellas del expedicionario español. Los documentos dicen que Hernández estudió Medicina en Alcalá de Henares y se curtió en los hospitales del extremeño Monasterio de Guadalupe, un lugar al que llegaban personas desahuciadas y que se convirtió en una fábrica de cirujanos expertos para la Corte y para el Ejército del rey. Era una época en la que los enfermos procuraban no acudir a los hospitales, convertidos en auténticos centros de experimentación y fuente de cadáveres para disecciones, como recuerda Pardo.

La intención del monarca no era aumentar el conocimiento de la humanidad, sino llenar sus arcas de monedas de oro. Hernández se llevó de América la chumbera, un género de cactus en los que se alojan las cochinillas, los insectos de los que se obtiene un pigmento rojo natural muy cotizado en la época. El colorante de origen repugnante es el actual E-120, habitual en pintalabios carmín, mermeladas, yogures y refrescos. El protomédico de Felipe II también recolectó la raíz de Michoacán, un purgante fantástico que se extendió por Europa gracias a sus propiedades para vaciar las tripas, y otros cientos de plantas medicinales. [...]

Vía Materia. Autor: Manuel Ansede.

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