Las dos alas de la medicina

Ginés Morata, en su laboratorio de genética. Foto: Luis Sevillano.

Ginés Morata, en su laboratorio de genética. Foto: Luis Sevillano.

El genetista Ginés Morata trabaja con moscas para conocer las claves de la biología humana.

Sus objetivos son el estudio del cáncer y la regeneracion de órganos.

Lo más parecido a un laboratorio de genética es otro laboratorio de genética: frascos de soluciones tamponantes, micropipetas de tres calibres, centrífugas de mesa, incubadoras a 37 grados o a cualquier otra cantidad de grados y, sobre todo, un montón de ordenadores escupiendo secuencias de ADN a la cara de los becarios y los investigadores posdoctorales, textos arcanos que esconden orígenes comunes profundos sepultados en la noche de los tiempos, textos que significan, si uno sabe leerlos, ideas nuevas que algún día servirán para empujar el conocimiento o aliviar el sufrimiento humano. Y en el caso de Ginés Morata hay que añadir las moscas. Miles de moscas con los ojos de todos los colores y con valiosos elementos genéticos de diseño integrados entre sus genes naturales, esperando a saltar a un cromosoma u otro para arrojar luz sobre un misterio inédito.

El País. Autor: Javier Sampedro.

Si uno quiere ser un benefactor de la humanidad, trabajar con moscas parece una idea extravagante y ridícula, como la de esos sabios cazcarrientos que se dedican a clasificar las 100.000 especies de escarabajos que pueblan este planeta prolijo. Morata, premio Príncipe de Asturias y uno de los mejores genetistas del mundo, lleva media vida luchando contra ese estereotipo. Como buen investigador sabe aceptar las críticas, pero sabe que esa es una crítica de bajo nivel, nacida de la ignorancia científica o de la delincuencia intelectual. Sabe que la mosca, su mosca, Drosophila melanogaster, ha generado lo más importante que sabemos sobre la biología humana: los genes esenciales para la arquitectura de nuestro cuerpo, los procesos clave que permiten proliferar ordenadamente a nuestras células, los principios generales que subyacen a nuestra salud o a nuestra enfermedad. Si el conocimiento es poder, no hay actividad altruista más poderosa que la que practica este hombre humilde en las formas y ambicioso en el fondo, en aquellas profundidades espeleológicas donde se cuece ahora mismo nuestro futuro. [...]

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