Las empresas sólo aportan seis céntimos de cada euro que financia a la Universidad

Colaboracion entre la empresa asturiana y la Universidad

Colaboracion entre la emrpesa asturiana y la Universidad.

La institución académica recauda el triple por sus tasas que por los diez millones de euros que recibe al año procedentes de contratos y patrocinios.

A la Universidad asturiana le hace falta un mayor compromiso financiero por parte de la empresa privada. Lo dice siempre que tiene ocasión el rector, Vicente Gotor, y lo confirman los datos del presupuesto de la institución. Las sociedades aportan menos de diez millones de euros al año para proyectos académicos, lo que supone el seis por ciento del total, seis céntimos de cada euro, una cifra muy alejada de otras comunidades, como Madrid o Cataluña, que lideran el ranking de cooperación con la educación superior. Además, la situación económica ha frenado en los últimos meses los convenios de estas características, lo que afecta directamente a las labores de investigación. El anhelado mecenazgo también está en crisis.

«Tenemos dos problemas claros a la hora de captar fondos procedentes de la empresa privada, comunes en toda España. Por un lado, carecemos de la mentalidad anglosajona, que estimula la colaboración entre los dos ámbitos. Y, por otro, contamos con una legislación demasiado rígida al respecto», explica Santiago Álvarez, vicerrector de Planificación Económica, que destaca la excesiva dependencia del sector público. De hecho, nada menos que tres de cada cuatro euros que recibe la Universidad proceden de las administraciones estatal y autonómica. El Principado, que planea un recorte del diez por ciento para 2012 en el gasto corriente y varios programas, aporta más del sesenta por ciento del presupuesto total. Además, la institución consigue algo más del 18% de sus ingresos mediante sus propias tasas. El escuálido seis por ciento restante corre a cargo de los emprendedores.

Esta cantidad llega a manos de docentes y alumnos por dos cauces. Por un lado, a través de la financiación directa de grupos de investigación, que consiguen acceder a contratos tras captar, con su trabajo, la atención de los empresarios. La inmensa mayoría se gestiona a través de la Fundación de la Universidad y suponen, aproximadamente, cinco millones de euros al año. Esta fórmula beneficia tanto a las ramas tecnológica y biosanitaria, que realizan asistencia y proyectos de innovación para los contratantes, como a la jurídica y la de humanidades, básicamente a través de informes jurídicos, dictámenes o informes sobre temas especializados.

La otra vía de relación Universidad-empresa son el mecenazgo y los patrocinios, como pueden ser las cátedras esponsorizadas por grandes sociedades. Cada ejercicio, se mueven cuatro millones y medio de euros en este concepto. En casi todos los casos son acuerdos a medio o largo plazo que garantizan el sostenimiento de los proyectos en el tiempo, sin pedir a cambio resultados inmediatos. A veces, se basan en la convocatoria de premios, a los que pueden acceder los autores de proyectos vinculados con una disciplina concreta.

«Procuramos que este tipo de iniciativas lleguen a todas las ramas del conocimiento y, en ese sentido, estamos bastante contentos, porque no es algo que se circunscriba únicamente a un determinado tipo de investigaciones», sostiene Álvarez. Aún así, también reconoce que las únicas inyecciones procedentes del ámbito empresarial se destinan a labores puramente científicas. El mantenimiento de las infraestructuras importantes sigue siendo cosa exclusivamente de la Administración. «Estamos aún muy lejos de lo que ocurre en otros países, como Reino Unido, donde muchos propietarios llegan a donar edificios y bibliotecas para uso universitario», explica Álvarez. Además, reconoce que la situación, lejos de mejorar, tiende a estancarse por culpa de la coyuntura económica. «No es sencillo convencer a día de hoy a las empresas para que apuesten por este tipo de iniciativas, porque en muchos casos priorizan otro tipo de cuestiones», dice el vicerrector.

Vía La Nueva España. Autor: Eloy Méndez.

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