“Las mujeres de la zona rural se hacen pocas citologías por distintos motivos, incluso culturales”

Julio Velasco, en el laboratorio de anatomía patológica del San Agustín. mara villamuza

Julio Velasco, en el laboratorio de anatomía patológica del San Agustín. mara villamuza

Julio Velasco (Mieres, 1953) es el jefe de servicio de anatomía patológica del Hospital San Agustín, centro donde trabaja desde 1985. Este especialista, residente en Cadavedo (Valdés), es miembro asociado del Instituto Universitario Oncológico del Principado de Asturias (IUOPA) y cuenta con un sinfín de trabajos científicos publicados, siendo su especialidad el virus del papiloma humano. Desde el pasado marzo es además el presidente en Asturias de la Sociedad Española de Anatomía Patológica.

La Nueva España / Avilés

-¿Qué es un patólogo?
-Es un especialista médico que lo que hace es diagnosticar, fundamentalmente por medio de la morfología microscópica. Nos ayudamos de muchas técnicas complementarias inmunológicas o de biología molecular y el campo fundamental de trabajo es, sobre todo, el oncológico, el de los tumores. Diagnosticamos los tumores y, de alguna manera, orientamos sobre la agresividad de los mismos y su tratamiento.

-¿El cáncer siempre ha sido el campo principal de su trabajo?
-No, la especialidad ha cambiado muchísimo: antiguamente el patólogo miraba laminillas teñidas con una tinción básica y ahora hemos incorporado técnicas inmunológicas, por lo que se ha ampliado mucho la especialidad. Antes nuestro trabajo consistía principalmente en analizar muestras de tejidos y hacer autopsias a cadáveres, pero ahora cada vez estamos más cerca de los pacientes.

-¿Podría resumir la actividad de su área en cifras?
-Nuestro servicio, en el San Agustín, está dividido en autopsias clínicas, citologías (de las que hacemos unas 13.000 al año), biopsias (alrededor de 9.000), técnicas de biología molecular (más de 500) y punciones con aguja fina, de las que practicamos más de 1.000 anualmente. Es una actividad muy importante y éstas, como decía, son las pruebas que realizamos en Avilés; por lo que si multiplicamos por seis, podremos saber el número aproximado de exámenes que se hacen en la región.

-13.000 citologías al año en el área sanitaria avilesina. ¿Puede traducir esta cifra?
-En Avilés se hacen muchas citologías cervicales o ginecológicas, es el mejor sistema inventado para ladetección precoz del cáncer. ¿Qué ocurre? Hay datos que apuntan a que la tasa de cáncer cervical aquí, en el área sanitaria avilesina, es muy baja, vemos menos de ocho casos al año. Los datos de los que disponemos apoyan que las mujeres del centro, de las zonas urbanas, se hacen bien las citologías, incluso más de lo que recomiendan las sociedades científicas, algo que cambia si nos vamos a la periferia de las ciudades o a zonas rurales, donde a las mujeres les cuesta más someterse a estas pruebas por distintos motivos, incluso culturales. Y hay una cosa clara: la realización de citologías es el mayor factor protector frente al cáncer de cuello de útero. La conclusión es que si hiciéramos la prueba de Papanicolau a toda la población pues, evidentemente, apenas habría cáncer de cuello de útero.

-Pero en Asturias no hay campañas de cribado…
-El cribado de cáncer, en España, es oportunista, es a demanda de la población. Lo que ocurre es que algunas comunidades, como Cataluña y Baleares, han trabajado mucho en lo llamado medidas reguladores del cribado oportunista, sobre todo a través de los médicos de atención primaria: esto depende de las empresas, es decir, es un asunto que depende de las autoridades sanitarias, de la gestión de los recursos.

-¿Qué opina de la vacuna contra el cáncer de cuello de útero?
-La vacuna llega hasta donde llega: puede prevenir un setenta y mucho por ciento de infección del virus del papiloma humano de alto riesgo, pero el resto no la coge. Esto quiere decir que la vacunación no debe excluir nunca el cribado, que en la prevención del cáncer cervical deben trabajar cribado y vacuna de forma coordinada.

-Entiendo que su trabajo es fundamental para otros especialistas.
-Somos consultores de otros médicos. Lo normal es que un cirujano, un nefrólogo o un radiólogo tengan dudas sobre cierta lesión o quieran confirmar que es maligna. Las biopsias que realizan nos las envían así a anatomía patológica y nosotros somos quienes decimos si dicha lesión es benigna o maligna, y el grado de malignidad.

-¿Afecta la actual situación económica a su especialidad?
-Tenemos muchas necesidades, por ejemplo, de aparataje. También está muy reñida la formación de los patólogos con la inmediatez de resultados que busca la Administración. Aun así nosotros somos gente que facturamos poco, pues nuestro trabajo es casi artesanal. En lo que más gastamos es en esfuerzo humano, en dedicación, en la habilidad para el diagnóstico que te dan el estudio, la práctica diaria y el trabajo en equipo. Los casos complejos requieren horas de trabajo, con un consumo de reactivos de muy pocos euros.

-¿Cuáles son entonces las principales reivindicaciones de anatomía patológica?
-Son muchas. Nos gustaría, en primer lugar, que las autoridades sanitarias y las población en general nos conocieran. La administración debe ser consciente de que nuestra especialidad es muy compleja e incide de forma muy importante sobre el gasto farmacéutico y que, con una gestión audaz, elevando los técnicos a tareas de mayor responsabilidad, confiando e implicando al trabajador, podría ahorrar mucho dinero y satisfacer tanto a los trabajadores como a los usuarios.

-Explíquese.
-Aquí nos movemos siempre entre lo maligno y lo benigno, debemos interpretar muchísimas cosas de acuerdo a las cuales se hacen un montón de actos quirúrgicos o médicos… Aquí los errores son difícilmente digeribles. El diagnóstico y tratamiento de un cáncer se encarece de forma notable por la administración o no de productos que nosotros seleccionamos. De ahí que nuestra especialidad sea de las que más ayudan o no a ahorrar en gasto farmacéutico, siempre que nuestro producto final sea de gran calidad. Por este motivo es fundamental que nuestra especialidad esté bien salvaguardada.

-Otra reivindicación…
-En lo referente a seguridad en el trabajo, mi gran preocupación es la exposición al formaldehído o formol. Es necesario recordar que esta sustancia está clasificada como cancerígena; pero a pesar de las múltiples gestiones que hemos hecho, jamás hemos conseguido que se realizasen mediciones de formol en el laboratorio. Mantenemos también cierta preocupación por la exposición crónica al xilol o xileno. Esta sustancia es irritante para los ojos, la piel y las membranas mucosas.

-¿Qué opina de las áreas sanitarias en Asturias?
-El problema fundamental del patólogo es que no se ajusta muy bien el desarrollo profesional con el diseño actual de las áreas sanitarias: una buena parte de los patólogos debe estar subespecializada en enfermedades del organismo. Para algunas cosas están bien las áreas sanitarias, pero es algo nefasto para los patólogos, tanto para nuestro desarrollo profesional como para la gestión de la especialidad. Hay pruebas que deberían plantearse de otra manera: realizándose desde un único centro para toda Asturias.

-Entonces el patólogo sacaría más provecho si trabajara en un gran laboratorio regional…
-En una comunidad autónoma con tan pocos habitantes podríamos haber sacado más beneficio social, económico y científico a esta especialidad. Creo que el desarrollo ha sido malo, no ha funcionado bien. Fragmentar ahora mismo un millón de habitantes en pequeñas porciones está bien para la medicina de familia u otras especialidades, pero no para la patología porque para sacar el máximo provecho a esta especialidad necesitamos manejar muchos casos, cuantos más mejor, y esto es incompatible con la fragmentación actual del sistema. Para llegar a la excelencia necesitamos estar bien formados y especializados, algo incompatible con pocas muestras. En Asturias, quitando los del HUCA, muchos de los especialistas funcionamos como patólogos generales y eso es igual que saber muy poco de todo y no saber suficiente.

-¿Qué me dice del personal que trabaja con usted en Anatomía Patológica?
-En el San Agustín trabajamos cuatro patólogos, seis técnicos, personal administrativo y un celador. El número de personal es bajo respecto a otras áreas sanitarias: somos 2,4 patólogos por cada 100.000 habitantes, casi la cifra más baja de Asturias por detrás del Hospital de Oriente donde parte del material se externaliza. Por todo esto defiendo un gran pacto de sanidad que evitase el excesivo peso que tiene la política sobre el sistema sanitario. Necesitamos políticas a muy largo plazo, lo que choca con los vaivenes derivados de la situación actual. Reivindicamos mayor nivel científico-técnico y una gestión acorde con el siglo XXI: para nosotros, los patólogos, sería beneficioso, como decía, renegociar las áreas sanitarias desde el punto de vista del profesional: no nos interesa una suma de muchos hospitales con casi el mismo tipo de trabajo. Para los usuarios del Hospital de Jarrio, por ejemplo, sé que es importantísimo tener cerca un buen centro sanitario, pero tal vez especialistas de Avilés podrían atender a gente del Occidente, o desplazarse hasta allí. Eso beneficiaría a las arcas y redundaría en la mejora de la atención sanitaria.

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