Los investigadores abren la puerta a la recuperación del tercer lago de Picos

Imagen actual del lago Ándara. Foto cedida por Jorge Gallastegui .

Imagen actual del lago Ándara. Foto cedida por Jorge Gallastegui .

Hace casi un siglo que una de las tres grandes bolsas de agua de los Picos de Europa junto al Enol y Ercina, el lago Ándara, se secó en cuestión de meses. Ahora, gracias al estudio de un equipo de investigadores de la Universidad de Oviedo se ha sabido que su desaparición se debió a la presencia de una fisura en el terreno consecuencia de la actividad minera desarrollada en esa zona de la vertiente cántabra del parque, lo que abriría la puerta a su posible recuperación.

Y es que el hecho de haber podido constatar que fue la mano del hombre y no otros factores medioambientales los que provocaron su desaparición “es fundamental si se pretende recuperar el lago Ándara, según los técnicos.

Así lo subrayó ayer el profesor titular de Geología de la Universidad de Oviedo, Jorge Gallastegui Suárez, responsable -junto a otros tres profesores del departamento de Geología, además un físico y un geólogo-, del estudio geológico y geofísico del sustrato del lago Ándara cuyas conclusiones se presentaron la pasada semana en el centro de visitantes de Sotama (Cantabria).

Se trata de trabajo de investigación a través del cual se han podido identificar las zonas de pérdida de agua que provocaron la desaparición del lago Ándara y que han sido localizadas en la zona norte del lago, en un punto que coincide con la intersección de dos filones de mina denominados El lago y El rosario. Tampoco se descarta una segunda fuga, al suroeste de la laguna, si bien los datos no han sido concluyentes.

Evidenciada ya la relación directa entre la actividad minera y la fuga, los investigadores se plantean ahora la necesidad de acometer una segunda fase del estudio, como paso previo a la elaboración de un informe técnico para el hipotético sellado de la fisura.

Sellado de la fuga La intención ahora es “acceder a las galerías de la mina y dar con el lugar exacto de la fuga, comprobar si el agua procede de la charca y hacia dónde se filtra”, explicó Jorge Gallastegui.

Esa podría ser la antesala para la recuperación del Ándara, una gran bolsa de agua ubicada en el Macizo Oriental de Los Picos de Europa que a principios del siglo pasado contaba con una superficie de 19.000 metros cuadrados y que hoy en día apenas es una charca con un diámetro de unos 10 por 20 metros cuya masa fluctúa en invierno y verano sin llegar a secarse por completo.

“Medios técnicos para sellar fugas del terreno existen, sin embargo habría que plantearse otros parámetros”, señaló el profesor Gallastegui. De un lado la viabilidad económica del proyecto y de otro los factores medioambientales, ya que al tratarse de un espacio protegido las técnicas deberían ser respetuosas con el medio.

Autora: Pilar Alonso Sotama. Vía La Voz de Asturias

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