Los voluntarios que torturaban en nombre de la ciencia

Fotograma de la película 'Shock Room', basada en los archivos revisados de los experimentos de Milgram

Fotograma de la película 'Shock Room', basada en los archivos revisados de los experimentos de Milgram. Foto: Kathryn Millard

Una revisión de los archivos del famoso estudio sobre la obediencia a la autoridad de Stanley Milgram muestra que los voluntarios no se limitaron a cumplir órdenes y torturaron porque creían que el dolor infligido era un mal supeditado a un bien mayor.

¿Qué hace que una persona considerada normal torture a otra hasta matarla? En los años 60, el psicólogo social Stanley Milgram realizó una serie de experimentos donde creyó encontrar la respuesta a atrocidades como la del Holocausto. Su conclusión fue que los humanos somos capaces de lo peor cuando estamos cumpliendo órdenes de una autoridad. Ahora, una revisión de sus archivos muestra que los participantes no se limitaban a obedecer y justificaron sus torturas porque eran en favor de la ciencia.

Materia. Autor: Miguel Ángel Criado.

Desde el verano de 1961 Milgram llevó a cabo una serie de experimentos en su laboratorio de la Universidad de Yale. En teoría, las pruebas eran para un estudio sobre el impacto del castigo físico en la mejora del aprendizaje. Eso fue al menos lo que decían los carteles que pegaron por el campus para captar voluntarios a cuatro dólares la hora.

En realidad, lo que Milgram quería estudiar era porqué las personas obedecen órdenes destructivas cuando proceden de una autoridad. En la versión más conocida de sus experimentos, los participantes se sentaban ante un aparato con 30 interruptores. El primero liberaba una descarga de unos suaves 15 voltios y el voltaje iba subiendo hasta el último, donde alcanzaban unos letales 450 voltios. Al otro lado del cable había un estudiante. Si se equivocaba en la tarea de recordar una serie de palabras, un supervisor vestido de bata blanca daba la orden de castigarlo con un calambrazo. [...]

Esta entrada fue publicada en Calidad de vida. Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.