Manuel Cruz: “Razón y emoción no son distintas”

El presidente del Jurado del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, José Luis García Delgado entrega el galardón a Manuel Cruz. Foto:  P. UCHA

El presidente del Jurado del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, José Luis García Delgado entrega el galardón a Manuel Cruz. Foto: P. UCHA

El catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona, Manuel Cruz, presentó ayer a los medios de comunicación el libro que le ha hecho merecedor del Premio de Ensayo Jovellanos, 2012, convocado por Ediciones Nobel, “Adiós, historia, adiós. El abandono del pasado en el mundo actual”.

Alberto Piquero / El Comercio

Quiso dejar claro desde el preámbulo que su trabajo no tiene nada que ver con las ideas que puso en circulación el politólogo estadounidense de origen japonés, Francis Fukuyama, y su obra ‘El fin de la historia y el último hombre’, muy influyente a principios de la década de los 90 del pasado siglo. Al contrario, afirmó: «La historia no ha terminado. Lo que sucede es que nos estamos desentiendendo del pasado. Y eso no es deseable, ni posible, porque estamos amasados por el pasado. Vivimos la fantasía de que somos nuevos por completo, al modo del adanismo del que hablaba Ortega. Y ese convencimiento es perjudicial y tóxico».

Su apelación al pasado aspiara a que forme parte de nuestro aprendizaje básico, a diferencia de las series televisivas que nos lo muestran como «un parque temático», en el que no nos reconocemos en nuestros antepasados. A su juicio, «nos hemos atrincherado en el presente, a modo de territorio recreativo, y cegando el pasado, hacemos entrar en crisis al futuro». Bien que no augure «un porvenir apocalíptico», cree que las consecuencias de tal actitud se advierten en una ausencia de «proyectos, ilusiones, sueños».

Comparó los años 60 y 70 de la centuria anterior, en la que «los textos anunciaban una revolución inminente que, sin embargo, apenas alteró a la sociedad capitalista», frente a la primera década del siglo XXI, en la que «hay señales de la fragilidad del sistema» y, paradójicamente, «el discurso generalizado es el de que la estructura social es sólida, resistente, inamovible».

Ante la disyuntiva de que sea la racionalidad o las emociones el motor de la historia, argumentó que «sería engañoso hacer distinciones entre ambas vertientes, las cuales no formaban cuerpos aparte antes de Descartes». En su criterio, «la razón está cargada de emociones, del mismo modo que la emoción contiene elementos valorativos, incluso en aquellos casos que podemos suponer que funciona en términos espontáneos».

De otro lado, respecto a la dificultad de examinar el pasado con objetividad común, señaló que «se puede debatir la narración de los hechos, para lo que hay un margen, pero no los hechos mismos».

Esta entrada fue publicada en Calidad de vida, Cultura y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.