Martínez Camblor: «Que el alcohol rebaje el riesgo de infarto no lo hace menos dañino»

Pablo Martínez Camblor, estadístico del Hospital Central Universitario de Asturias. Foto: Nacho Orejas

Pablo Martínez Camblor, estadístico del Hospital Central Universitario de Asturias. Foto: Nacho Orejas

Casi todas las investigaciones que se realizan en el Hospital Central de Asturias (HUCA) pasan por las manos de Pablo Martínez Camblor. El profesor asociado del departamento de Estadística de la Universidad de Oviedo es el encargado de transformar en datos las conclusiones de los grupos de médicos y biólogos que realizan su labor en el centro sanitario y en otros organismos de la región. «Mi labor te pone en contacto con conclusiones sorprendentes, como que los hombres que beben mucho alcohol tienen menos riesgo de padecer un infarto de miocardio», explica, en relación a un informe en el que participó hace años, cuando desarrollaba su labor en el servicio de Salud Pública del País Vasco. Aunque advierte de que «estas afirmaciones deben tenerse en cuenta siempre para la población en general y nunca para un individuo concreto, y también hay que ser consciente de que el consumo de este tipo de bebidas es dañino para la salud por otras causas conocidas».

El langreano se convirtió en el primer estadístico de un hospital asturiano hace tres años y medio, a través de la Oficina de Investigación Biosanitaria y a sueldo de la Fundación para el Fomento en Asturias de la Investigación Científica Aplicada y la Tecnología (FICYT). Desde entonces, compagina su labor en el HUCA con las clases que imparte en la Facultad de Química y en la Escuela de Ingeniería Informática de Oviedo, a la espera de conseguir la plaza de titular, tras haber obtenido la acreditación pertinente. «El análisis matemático es fundamental para dar cuerpo a las conclusiones de los estudios médicos. Yo realizo modelos de clasificación para saber, por ejemplo, si un paciente tiene un determinado perfil genético para recibir un tratamiento que es muy caro. En caso contrario no se le suministra y, de esta forma, se evita caer en el despilfarro», explica.

Eloy Méndez / La Nueva España

Los grupos médicos se ponen en contacto con Martínez Camblor en las dependencias del HUCA donde trabaja para que les resuelva todas las cuestiones de tipo estadístico. «Recibo a tres o cuatro personas cada día. Algunos apenas piden consejo, otros te solicitan que lo hagas prácticamente todo. Lo que es cierto es que una porción muy importante de cualquier investigación biosanitaria se apoya en las estadísticas, que dan cuerpo y sentido a los artículos que después se publican en las revistas especializadas», relata. El joven docente maneja programas informáticos para cuadrar todos los avances científicos que recibe, mediante técnicas como el cálculo de los puntos de corte para diferenciar, por ejemplo, los marcadores biológicos que determinan el nivel de gravedad de un niño enfermo. «El material que manejo tiene que ver con temas muy variados. Buena parte de ellos están relacionados con grupos epigenéticos, muy potentes en Asturias. Pero a lo largo de mi carrera profesional me he encontrado de todo un poco, como estudios que confirman que el tabaco no afecta por igual a hombres que a mujeres, mucho menos proclives a padecer problemas respiratorios como el EPOC», asegura.

Martínez Camblor unió los porcentajes a la medicina hace ya varios años, después de obtener la licenciatura en Matemáticas, de colaborar en el Servicio Técnico de Asesoría Estadística de la Universidad cuando lo dirigía Norberto Corral, actual decano de la Facultad de Ciencias, y de desempeñar funciones similares en el extinto vicerrectorado de Calidad. Tras leer su tesis, inició un periplo por varios organismos sanitarios de España, como la Fundación Biomédica Caubet-Cimera de Palma de Mallorca o la subdirección de Salud Pública del País Vasco, con sede en San Sebastián. «La llegada de los estadísticos a los hospitales es muy reciente en nuestro país, a pesar de que nuestro trabajo es importante. Hasta ahora, nadie lo realizaba o recaía sobre aficionados que, en algunos casos, estaban alejados del rigor necesario», sostiene.

El profesor acumula decenas de anécdotas que ejemplifican el elevado desconocimiento social que rodea a su dedicación. «Cuando digo que soy matemático y trabajo en el HUCA mucha gente me mira como preguntándose si habré sacado plaza de celador. O, peor aún, me dicen que si me dedico a contar las intervenciones quirúrgicas que se hacen o las que salen mal», apunta, con una sonrisa. «Es sólo parte del distanciamiento generalizado que existe en torno a la investigación. Ocurre también en el ámbito académico. Una inmensa mayoría cree que, en la Universidad, sólo se dan clases. Se olvidan de que también estamos para hacer labor científica», añade. «Es una pena porque en Asturias se hacen muy buenos trabajos», sostiene. «Pocos ámbitos profesionales hay más competitivos que la I+D+i. Exige una dedicación prácticamente a tiempo completo», concluye.

Difundir la labor científica. Martínez Camblor tiene claro que es necesario hacer partícipe a la sociedad de la labor que llevan a cabo los investigadores, «grandes desconocidos para la mayoría». «Creo que, en este sentido, tenemos una asignatura pendiente todos», razona el langreano, con una actividad frenética en el Hospital Central Universitario de Asturias (HUCA). Además, arrima el ascua a su sardina al reclamar la dignificación del trabajo de estadístico, desempeñado en muchas ocasiones por trabajadores sin especialización. «Los estudios científicos deben ocupar el lugar que merecen. En el caso asturiano, creo que se hacen grandes avances, a pesar de que no siempre existen las mejores condiciones», finaliza.

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