Asturias formará, retendrá y atraerá a un centenar de talentos este año. La Consejería de Ciencia, Innovación y Universidad lanzará “en los primeros días de septiembre” una docena de convocatorias de ayudas dirigidas a la contratación de investigadores excelentes, a la transferencia de conocimiento y a la colaboración público-privada. La idea, según explican fuentes del Principado, es comenzar el curso dándole “un impulso al sistema científico tecnológico regional”. Entre las convocatorias que se sacarán destaca el nuevo programa de atracción y retención del talento “Margarita Salas”, que arrancará con un total de dieciséis contratos hasta 2023. El grueso de ellos, diez, serán para captar a científicos jóvenes con una experiencia postdoctoral de al menos dos años en el extranjero. Para la atracción de investigadores senior de fuera habrá cuatro ayudas con una dotación de algo más de 1,4 millones de euros. La previsión es que la incorporación de todos ellos se produzca antes de que finalice el año.

Las convocatorias que publicará en los próximo días la Consejería de Ciencia, a través de la Fundación para el Fomento en Asturias de la Investigación Científica Aplicada y la Tecnología (Ficyt), se corresponden en su mayor parte con el programa “In Itineras”, que fue creado en 2020 para impulsar la carrera científica, desde la etapa predoctoral hasta la estabilización. Bajo este marco, el plan más ambicioso es el llamado “Margarita Salas”, que está inspirado en el modelo catalán Icrea y que empezará un año después de la fecha prevista, debido a la pandemia y a la complejidad en su diseño.

El programa es una apuesta personal del Consejero de Ciencia, Borja Sánchez, quien anunció ya en diciembre de 2019 –al poco de entrar en el Gobierno– su intención de crear un Icrea (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados) a la asturiana. El objetivo era que a finales de 2020 ya llegasen los primeros diez investigadores de alto nivel, pero al final el ansiado proyecto se hizo de rogar. La idea –o el sueño– del Ejecutivo de Adrián Barbón es alcanzar en un futuro la inversión que hace Cataluña por cada investigador internacional: 115.000 euros al año. En menos de dos décadas, el Icrea ha conseguido fichar a más de 300 “Messis de la ciencia”.

El Icrea asturiano

Asturias empezará ahora intentando atraer a dieciséis, aunque una parte importante de ellos no serán líderes de laboratorio, sino jóvenes promesas. En concreto, Ciencia sacará tres líneas de ayudas hasta 2023. Por un lado, las “Maragarita Salas Joven” para contratar a diez investigadores doctores con una experiencia postdoctoral de al menos dos años en el extranjero. Estas subvenciones están en fase de elaboración y sustituirán en parte a las antiguas becas postdoctorales “Clarín”, que llevan sin convocarse desde 2017. El Principado trabaja, de forma paralela, en otras ayudas específicas –serán 25, con una financiación de 1,8 millones en tres años– de formación y especialización de doctores.

Por otro lado, están las “Margarita Salas Senior” –las equivalentes al Icrea– para atraer a científicos del máximo nivel. Entre otros requisitos, los solicitantes deberán haber desarrollado su actividad investigadora en centros públicos o privados extranjeros durante un periodo de al menos diez años en los últimos 15. El Principado sacará cuatro ayudas con una inversión, de aquí a 2023, de más de 1,4 millones. Cada investigador recibirá una dotación máxima de 75.000 euros anuales y algo más de 168.000 en tres años para la contratación de personal para formar su propio equipo. Se trata, por tanto, de una cuantía cercana a los 115.000 por científico que concede el Icrea.

Los científicos senior captados recibirán unos 75.000 euros al año, más 168.000 en tres años para contratar personal

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Pero no solo es importante atraer estrellas científicas, sino también retener a las que ya brillan en Asturias. Así, la tercera pata del programa son las ayudas “Margarita Salas Retención” para apoyar la estabilización laboral de investigadores doctores de dilatada experiencia que actualmente desarrollen su actividad en el Principado a través de contratos “Ramón y Cajal” o “Miguel Servet”, pero que no dispongan aún de un marco laboral estable. Se concederán dos ayudas –una por cada modalidad–, que sumarán 365.000 euros hasta 2023. Con ello, se garantiza que las personas que finalicen la ayuda estatal puedan continuar su carrera dentro del Principado. Asimismo, la Consejería repescará, a través de otra línea de ayudas, a jóvenes doctores que hayan tenido una evaluación positiva para los contratos “Ramón y Cajal” y “Miguel Servet” y que no hayan conseguido financiación en 2019 y 2020. Habrá tres contratos y más de 530.000 euros en tres años.

El septiembre de las ayudas de la ciencia incluirá también subvenciones para el fomento de las vocaciones científicas para estudiantes de máster que quieran iniciarse en la investigación. En concreto, se financiarán este año 20 contratos con 40.000 euros. Asimismo, se lanzará el programa “Jovellanos” para la contratación de personal cualificado por parte de empresas. En enero se contrataron 26 recién titulados y la nueva convocatoria contempla 1,9 millones hasta 2023. El resto de ayudas próximas a publicarse tienen que ver con la financiación de proyectos de I+D+i en centros tecnológicos, con la transferencia del conocimiento, el fomento de la internacionalización, la organización de congresos y actividades de divulgación, y la creación de “Open Labs” (laboratorios abiertos) para unir a los grupos de investigación y al tejido productivo.

Según afirma el consejero Borja Sánchez, desde el principio de la legislatura su equipo se marcó dos objetivos fundamentales: “Incrementar el personal investigador en Asturias y aumentar la transferencia de conocimiento”. “Ambas cuestiones están muy vinculadas. Necesitamos más recursos humanos dedicados a la investigación, potenciar la investigación de excelencia y conectarla con el tejido productivo para que puedan transferirse a la sociedad”, explica Sánchez. “La meta –concluye– es instaurar una programación a largo plazo y que la I+D+i sea estructural, reforzar la generación de conocimiento y que la empresa se sienta implicada en esa I+D+i”.

Publicado por Mónica G. Salas (La Nueva España)