Sensores y algoritmos para reducir la factura eléctrica

Torre de alta tensión. / Bert Kaufmann / Wikimedia Commons.

Torre de alta tensión. / Bert Kaufmann / Wikimedia Commons.

Quien no tiene un teléfono inteligente o “Smartphone” ya ha oído hablar de sus múltiples posibilidades. Y mientras que con ellos se está expandiendo una nueva cultura basada en aplicaciones para casi todo y en las tarifas más adecuadas para el propio consumo, la forma de relacionarnos con la energía que mueve nuestras casas ha cambiado muy poco en las últimas décadas. Pero todo apunta a que la próxima revolución tecnológica será de puertas adentro.

Disponemos de pocos datos para gestionar nuestro consumo eléctrico, aunque parece que será por poco tiempo: “Los nuevos avances en comunicaciones y electrónica hacen posible que el usuario reciba los datos de consumo en tiempo real, y con ellos, sugerencias para obtener el mejor rendimiento de la energía eléctrica en casa consumiendo y pagando lo menos posible”, destaca María Rivas, jefa de I+D+i del Grupo Isastur.

Laura Alonso / UCC+i FICYT

Rivas habla con conocimiento de causa: su empresa acaba de desembarcar de Enersip, un proyecto europeo en el que el Grupo Isastur ha trabajado con otras nueve empresas y centros de I+D+i de Europa e Israel para optimizar la demanda y la producción energética en la próxima era de las redes eléctricas inteligentes o smartgrids.

Posiblemente la preocupación más extendida relacionada con la energía en las casas europeas sea reducir el consumo eléctrico, y con ello, la propia factura. En este sentido, el proyecto ha incluido la posibilidad de conocer los hábitos de los consumidores e introducir automáticamente cambios en la programación de los electrodomésticos, lo que permitiría aprovechar las tarifas más económicas, además de utilizar de forma más provechosa para el usuario los sistemas de generación propia, si los hay, como paneles solares o aerogeneradores, entre otras posibilidades.

Para ello, el proyecto propone instalar en las casas sensores como el Nilm, que es capaz de reconocer la firma de cada aparato y ofrecer al usuario los datos de consumo desglosados a partir de un solo dispositivo de recogida de datos. “Uno de nuestros planteamientos de partida era obtener una gran cantidad de datos para ofrecérselos al usuario de forma comprensible y para gestionar la red eléctrica lo más eficientemente posible, pero sin coser la casa a sensores”, indica Luis Blanco, investigador del Grupo Isastur.

Apágate, sésamo
Los datos recogidos por el Nilm, además de presentarse directamente al usuario, sirven de base para la actuación del IR Box, una especie de central de control que interviene sobre los aparatos de línea marrón (televisión, aire acondicionado, equipo de sonido…) para cumplir las preferencias de consumo del usuario.

¿Pero cuándo y qué apagar? Los algoritmos de ahorro desarrollados a través del proyecto Enersip permiten tomar las decisiones necesarias para alcanzar el consumo en euros o los niveles de CO2 máximos que el usuario ha determinado. Eso sí, no todo es apagar: “el Nilm también controla el encendido automático cuando la electricidad es más barata. Por ejemplo, enciende el aire acondicionado, o permite establecer  unas temperaturas máximas o mínimas en la casa en función del coste de la energía en cada momento”, explica Luis Blanco.

Otra de las vías que prevé el proyecto Enersip para racionalizar el consumo tiene que ver con el control de la demanda con la que sueñan las compañías eléctricas, y que les permitiría lograr un mayor control de los picos de consumo que producen sobrecargas, apagones ocasionales y un sobredimensionamiento de toda la estructura de generación y transporte eléctrico.

Para conseguir controlar los puntos álgidos del consumo, los investigadores han integrado en el sistema el uso de enchufes inteligentes, que María Rivas define así: “suponen integrar a escala doméstica el servicio de interrumpibilidad, que ahora sólo se aplica en el ámbito industrial, y que consistiría en la posibilidad de cortar el suministro a través de ciertos enchufes, con una duración máxima previamente pactada con el usuario, a cambio de una compensación económica”.

¿Cuánto girarán mañana los molinos?
Con la irrupción de fuentes de generación eléctrica renovables a mediana y pequeña escala, como paneles solares o pequeños generadores eólicos a nivel de casa o en los barrios, surge un nuevo reto para las compañías eléctricas, que ven cómo los propietarios de estos pequeños equipos de generación pueden volcar -y en otros países europeos, además, vender- su excedente eléctrico a la red.

Por eso, disponer de un sistema que permita combinar los datos de consumo y generación eléctrica para lograr la conjugación óptima entre ellos ya no sólo es uno de los principales quebraderos de cabeza para las compañías eléctricas, sino que se ha convertido en uno de los grandes objetivos que los miembros del consorcio Enersip han conseguido cumplir y que acaban de presentar, hace dos semanas, a la Comisión Europea.

Los investigadores de Isastur no pierden de vista que cuando el proyecto inició su andadura en 2010 aún no existía en España el Decreto de Autoconsumo ni la posibilidad de volcar a la red eléctrica los excedentes de la propia producción.

Pero haberse adelantado al marco regulatorio español le está permitiendo ahora a esta compañía asturiana recoger sus frutos: “Nos dimos cuenta de que los algoritmos de predicción que formulamos eran extrapolables a las grandes plantas de renovables, lo que supone conocer a priori la producción de una determinada planta”, señala Luis Blanco. Tal y como explica el investigador, se trata de un avance que permitiría a los gestores de la red eléctrica hacer frente a la imposibilidad de regular la producción eléctrica de estas fuentes.

Enersip ha supuesto para esta empresa asturiana una oportunidad para adentrarse en la trastienda europea y liarse (sin enredarse) entre los cables, conexiones y algoritmos que sientan precedente internacional a la hora de diseñar las nuevas redes eléctricas.

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