Sidrón, arma asturiana contra la leucemia

Por la izquierda, Otín, Xosé Puente, Víctor Quesada y Elías Campo

Por la izquierda, Otín, Xosé Puente, Víctor Quesada y Elías Campo. Foto: LNE

Científicos de la Universidad de Oviedo crearon el programa informático para secuenciar el genoma del cáncer hematológico más común.

«Sidrón» es como un «defensa central» que filtra millones de datos y no deja pasar casi ninguno. Así se llama la herramienta informática desarrollada desde la Universidad de Oviedo y que ha sido un elemento esencial en el proyecto internacional de secuenciación completa del genoma de la leucemia linfática crónica, la leucemia más habitual en España. Sus resultados fueron presentados anteayer en Madrid por la ministra de Ciencia y Tecnología, Cristina Garmendia, y por los dos directores del citado proyecto, Elías Campo y el responsable del Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias (IUOPA), Carlos López Otín.

«Sidrón» es un programa informático nacido en el propio laboratorio del IUOPA. Sus padres no son informáticos, sino bioquímicos, pero han conseguido una herramienta asombrosamente sofisticada, capaz de identificar millones de posibles mutaciones presentes en los genomas tumorales.

De la precisión del programa dan cuenta las magnitudes con las que se trabaja: el genoma humano está formado por más de tres mil millones de unidades químicas llamadas nucleótidos. Al secuenciar el genoma, cada nucleótido se lee al menos treinta veces (multipliquen tres mil millones por treinta) para verificar que la lectura es la correcta y así poder asignar con total certeza las mutaciones identificadas.

Pero tras «Sidrón» hay una historia. La historia de un nombre. Cuando López Otín explicó las entretelas del programa en el acto de Madrid, aludió a medias a su origen y resonancia asturianos. Todo el mundo rió la gracia. Pero es que no era una gracia. «Sidrón» no viene de sidra, sino del yacimiento del neandertal asturiano, en Piloña, uno de los más importantes del mundo.

La idea del nombre surgió en una comida de campaña. Fue junto a la cueva, el mes de septiembre de 2009, un día en que Otín y su equipo fueron a visitar el yacimiento. Allí les esperaban el recordado catedrático de Prehistoria Javier Fortea, sus colaboradores y un grupo de estudiantes. «Allí mismo, durante el almuerzo, les explicamos los fundamentos del proyecto», señala López Otín. Una comida en la que participaron, además, el paleoantropólogo, Antonio Rosas; el genetista Carles Lalueza-Fox y el profesor de Prehistoria Marco de la Rasilla, actual director de las excavaciones tras el fallecimiento de Fortea.

«Cuando decidimos el nombre, quisimos que fuera un pequeño homenaje a los que trabajan en un proyecto tan importante como el estudio de los neandertales», añade el investigador del IUOPA.

Víctor Quesada y Xosé Puente son los dos investigadores del equipo de Otín que pusieron en marcha la «máquina» que traduce la información genómica y distingue las mutaciones verdaderas de los «falsos positivos». Esto es genética y, por tanto, no hay programa informático perfecto, pero éste se acerca mucho. Tanto, que sus resultados cuentan con el aval del Consorcio Internacional de los Genomas del Cáncer, dirigido por Tom Hudson, del Instituto de Investigación del Cáncer de Ontario (Canadá). El HUCA se suma como tercer hospital español suministrador de muestras de la leucemia linfática, lo que supondrá que pacientes asturianos van a disponer de su genoma secuenciado.

Vía La Nueva España. Autor: Eduardo García

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