Tiburones en el Cantábrico

Los tiburones son probablemente unos de los animales marinos con peor prensa, aunque realmente la gran mayoría son completamente inofensivos para el ser humano. Lo cierto es que los tiburones tienen que temer más a nuestra especie que nosotros a ellos, ya que debido a nuestras actividades, la mayoría de las especies se encuentran en peligro. En algunos países se matan millones de ejemplares sólo para cortarles las aletas que se usan para hacer sopa, y en eso, España tiene mucho que ver, ya que nuestro país exporta el 95% de las aletas de tiburón de toda la Unión Europea. Según un informe hecho público por la asociación Oceana, España encabeza la lista mundial de las exportaciones de aletas de tiburón hacia Hong Kong, con 2646 Tm de aletas (secadas + congeladas), y teniendo en cuenta el reducido peso relativo de las aletas frente al total del peso del tiburón del que proceden, las capturas de tiburones es probable que superen las 50.000 Tm.

En el Cantábrico se pueden encontrar varias especies de tiburones, aunque muchos pasan desapercibidos al habitar aguas profundas. La Tintorera (Prionace glauca), o canía como se la conoce en Asturias, es una especie de hábitos pelágicos a la que le gustan las aguas abiertas, aunque también puede acercarse a la costa a alimentarse. Los mayores ejemplares pueden alcanzar los 3 metros de longitud aunque no suele ser frecuente encontrar animales tan grandes. Se alimenta principalmente de peces y eso fue lo que atrajo a una de ellas hacia nosotros el pasado sábado, cuando salimos al cañón de Llastres a observar aves marinas.

Como en otras ocasiones, dejamos flotando en el agua un bloque de pescado congelado para atraer a las aves que durante estos días se encuentran en plena migración por nuestras aguas. Al cabo de un rato, cuando nos volvimos a acercar al cebo observamos unas salpicaduras que indicaban que “algo”, y no precisamente un ave marina, estaba dando buena cuenta de nuestro aperitivo. No tardamos en ver las aletas que delataban al comensal. Sin pensárselo dos veces, mi amigo Manolo se lanzó al agua y agarrando con una mano la cámara GoPro (que cada día me sorprende más por la calidad de imágenes que graba), se fue acercando hacia donde se encontraba. Tal como se puede ver en el vídeo que os cuelgo a continuación, la curiosidad era mutua, ya que la tintorera, de aproximadamente metro y medio de longitud, se acercó tanto que Manolo tuvo que darle un golpe en el morro para alejarla.

El comportamiento de aproximación de los escualos es algo frecuente, ya que antes de atacar a una posible presa deben asegurarse de que es comestible y que no representa un peligro. En este caso, es evidente que parecía más interesada en el pescado que en la carne de buceador.

Después de ver estas imágenes y de disfrutar de la impresionante belleza de esta tintorera, resulta aun más incomprensible que unas criaturas que llevan nadando por los océanos desde hace más de 350 millones de años estén al borde de la extinción por culpa de la codicia y la estupidez del ser humano.

Vía Naturaleza Cantábrica.

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