Tres horas de trivial y ciencia

El equipo del IES de Tineo, en primer término, con el finalista del Valdés-Salas a la derecha, en el Aula Clarín. Foto: Mario Rojas

El equipo del IES de Tineo, en primer término, con el finalista del Valdés-Salas a la derecha, en el Aula Clarín. Foto: Mario Rojas

Disponemos de nueve bolas de igual aspecto y una balanza de platos. Ocho de las bolas pesan lo mismo y una es de mayor peso. Con solo dos pesadas, averiguar cuál de las nueve es la mayor. El enunciado del problema de lógica aparece escrito en las pantallas del Aula Clarín de la Universidad de Oviedo, y en cuanto los técnicos de la Oficina de Transferencia de Resultados de la Investigación (OTRI) dicen «¡tiempo!», 29 estudiantes de primer curso de Bachillerato de diez centros escolares asturianos se afanan en hallar la respuesta.

Eva Montes / El Comercio

Divididos en equipos de tres miembros, alumnos del colegio de la Sagrada Familia de Oviedo, del Instituto de Educación Secundaria Peñamayor de Nava, del Arzobispo Valdés-Salas de Salas, del Aramo de Oviedo, del Carreño Miranda de Avilés, del Escultor Juan de Villanueva de Pola de Siero, del Alfonso II de Oviedo, del de Pravia, del de Tineo y del colegio Santo Domingo de Oviedo, se enfrascan, concentrados pero sonrientes, en el debate interno que les ha de proporcionar los puntos que puedan llegar a convertirles en ganadores de Unig nio, el juego de los genios preuniversitarios que convierte una mañana de vacaciones escolares en un auténtico trivial científico.

Nada importan las tres horas consecutivas de examen permanente , pasando de una disciplina del ámbito de la ciencia a otra. Posiblemente porque no se trata de aprobar, sino de competir. «Se lo toman como un juego, pero son tremendamente competitivos», resume Itziar Ahedo, técnico de la OTRI y repetidora de esta iniciativa que la Universidad de Oviedo ha puesto en marcha el año pasado para «fomentar las vocaciones científicas».

Los chavales tienen siempre en pantalla la puntuación de cada centro y, conforme avanza la gymkana intelectual, la dificultad crece. El final es tenso, con un marcador muy apretado, en el que el conocimiento de las constelaciones no aportó ni un solo punto a nadie y el manejo del tamgram, en cambio, benefició a todos. «Siempre nos sorprenden. Creímos que el juego chino o la tabla periódica de elementos les iba a resultar difícil y lo solventaron bien, y en cambio la lógica nos parecía fácil y fallaron», comenta Itziar Ahedo, tras constatar que el instituto Valdés-Salas, con 121 puntos, lideró la terna ganadora, seguido por el Aramo, con 119, y el colegio de la Sagrada Familia, con 117, desbancó por cuatro puntos al Peñamayor.

Los tres compiten hoy de nuevo, pero esta vez de forma individual. Para repartir mejor las fuerzas, para que los nueve demuestren que valen tanto solos como en equipo, y sabiendo ya que las cifras y las letras, la astronomía y el rosco de la ciencia les pueden jugar una mala pasada.

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