Un árbol de 300 millones de años en la playa de Arnao

Restos de una planta. Se asemeja a un árbol, aunque en realidad no es madera. Foto: GUILLERMO LAINE

Restos de una planta. Se asemeja a un árbol, aunque en realidad no es madera. Foto: GUILLERMO LAINE

El mar ha desenterrado una pequeña parte del tesoro que esconde Arnao, un tesoro petrificado que empezó a esculpirse hace muchos años, tantos que excede con creces la noción del tiempo humana: 400 millones de años, quizá más. Para hacerse una idea, fue a partir de ahí, en los decenios de millones de años posteriores, cuando los primeros anfibios y artrópodos comenzaron a salir del mar, donde se concentraba la primitiva vida animal. Eran los tiempos de los primeros peces de aletas lobuladas y con estructura ósea, y aunque ya había tiburones la evolución todavía necesitó otros 200 millones de años para que los primeros dinosaurios comenzasen a poblar el planeta Tierra.

J. F. Galán / La Voz de Avilés

Hace 400 millones de años lo que hoy es Asturias se situaba en el sur del trópico, en uno de los tres supercontinentes, Gondwana. A medida que en su lento viaje hacia el norte se acercaba al ecuador fue conformandose un paisaje que llegó a ser similar al que hoy entendemos como selva tropical, poblado de grandes masas vegetales de bosques de pteridofitas y gimnospermas.

Eso fue lo que el mar, al llevarse tanta arena, ha sacado a la luz en la playa de Arnao, restos de árboles petrificados, fósiles de hasta tres metros de longitud y puede que hasta de 300 millones de años de antigüedad, quizá más, cuando la tierra ya había emergido del mar. En realidad no son árboles, son plantas con su aparencia, pero no estaban constituidas de madera.

Están esparcidos en la línea de orilla en bajamar, y a la simple vista de unos ojos profanos pueden parecer uno más de los troncos que el mar deposita en la playa. Uno se da cuenta del profundo error cuando intenta cogerlos y ve que no hay manera. Es piedra, piedra pura y dura, integrada en la gran losa de Arnao, un santuario para los estudiosos del Devónico y el Carbonífero, que es como geológicamente se conocen aquellos remotos tiempos.

El Devónico comenzó hace 416 millones de años, después del Silúrico, y se prolongó hasta el Carbonífero, que se extendió del -359 hasta el -299, siempre en millones de años. Los fósiles de vegetales que el mar ha sacado a la luz en Arnao en las últimas semanas pertenecen con casi total seguridad a este último período, al Carbonífero, aunque también los hay más antiguos.

La cantidad de vestigios de aquellos remotos tiempos localizados en la zona es tal que algunos geólogos y paleontólogos, como García-Alcalde, experto en Devónico de la Universidad de Oviedo, se refieren a Arnao como la Capilla Sixtina del Devónico. Y el tesoro no solo se ciñe a la losa de la playa, también conocida como plataforma, sino a todo el arrecife, que se extiende desde La playa de El Cuerno, en Salinas, hasta los acantilados de Bayas, cerca del Aeropuerto. Su profundidad alcanza los 180 metros. Por ejemplo, la roca que atraviesa el túnel de Arnao es un arrecife de coral -hace 400 millones de años estaba bajo el agua- envuelto en piedra.

La plataforma y el arrecife de Arnao despiertan sumo interés entre paleontólogos y geólogos. Uno de los que más ha profundizado en ellos es Miguel Arbizu, profesor del Departamento de Biología de la Universidad de Oviedo, coautor, junto con Isabel Méndez Bedia, de un extenso informe titulado ‘El patrimonio natural y cultural de Castrillón: geología, fósiles e historia minera’.

En él destacan, «por su volumen, abundancia y variedad de especies, los organismos constructores de arrecifes» que existen en Arnao en estado fósil, «formas que muestran una gran plasticidad morfológica». También los crinoideos, los branquiópodos, los briozoos y un largo etcétera, hasta llegar a los vertebrados pisciformes. Para los no iniciados, ‘bichos y plantas’ recubiertos de piedra.

Al margen de la cantidad, también destaca «la buena conservación de estos fósiles de más de 400 millones de años y su magnífica exposición en amplia superficies de estratos», para concluir que «la plataforma y el arrecife de Arnao hacen que estos dos puntos geológicos se deban considerar auténticos museos al aire libre, habiendo sido visitados en diferentes ocasiones por profesores y estudiantes de universidades españoles y extranjeras, tanto europeas como americanas», señala.

En vertical
Uno de los restos de árboles petrificados que han aparecido en Arnao en las últimas semanas está en posición vertical. Solo se ve la copa. Sobresale unos veinte centímetros del suelo, y todo apunta a que hacia abajo puede encontrarse mucho más.

Los encontró un equipo de geólogos de la Universidad de Oviedo, y no solo intervino la casualidad. Acudieron allí sabedores de que cuando el mar se lleva arena la plataforma de Arnao puede obsequiarles con un algún nuevo fósil . Y es que nunca llueve a gusto de todos. En este caso, lo que lamentan los bañistas (prácticamente no queda ni rastro de arena, solo piedra) lo celebran los paleontólogos.

El hallazgo superó sus mejores expectivas. Los árboles siguen allí, pero ya no se pueden ver. El mar ha devuelto parte de la mucha arena que se ha llevado este invierno, poca aún, pero suficiente para volver a taparlos. En todo caso, Arnao siempre merece una visita. Allí, junto a la plataforma, se encuentra la mina más antigua de la península, la única de Europa cuyas galerías se extienden bajo el lecho marino y el primer pozo vertical de Asturias. Abre al público de martes a domingo.

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