Un arca de Noé en el campus de Mieres

Los doctores José Manuel Cano, Alfredo González Nicieza y Leticia Viesca, en el laboratorio del campus de Mieres. / J. C. ROMÁN / El Comercio

Los doctores José Manuel Cano, Alfredo González Nicieza y Leticia Viesca, en el laboratorio del campus de Mieres. / J. C. ROMÁN / El Comercio

El próximo otoño -seguramente en septiembre- el campus universitario de Mieres contará con un nuevo equipamiento: el Servicio Científico Técnico de Cría Masiva de Peces y Anfibios. Detrás de esta larga denominación se esconde lo que se podría definir como una especie de arca de Noé; pero no de parejas de todos los animales para salvarlos del Diluvio Universal, más bien de un ‘almacén’ para guardar muestras vivas de especies de peces y anfibios para su estudio genético.

A. Fuente / El Comercio

Su objetivo puede parecerse un poco al que tenía la embarcación bíblica: estudiar y analizar estas especies para determinar mecanismos de protección ante, no una lluvia que lo arrase todo, sino ante el cambio climático.

En el edificio de investigación del campus mierense tiene su laboratorio un equipo de tres doctores en Biología de la Universidad de Oviedo que estudian lo que ellos denominan «el estrés ambiental y la evolución» de estas especies. «Investigamos la importancia del cambio climático en la viabilidad de las poblaciones de anfibios. El fenómeno global de cambio climático está causando un incremento acelerado de las temperaturas y también una mayor incidencia de fluctuaciones ambientales extremas e impredecibles, como son olas de calor, heladas y nevadas tardías», explica José Manuel Cano Arias. «Como consecuencia, muchas poblaciones y especies de anfibios se están extinguiendo. Por ejemplo, el incremento reciente de temperaturas está favoreciendo la proliferación de enfermedades. Las heladas o nevadas tardías y las olas de calor, por otra parte, pueden causar la muerte de generaciones enteras debida a la congelación o desecación de las charcas. Otros efectos pueden ser más sutiles y complejos, actuando a más largo plazo y afectando de forma diferente a poblaciones que están adaptadas a condiciones ambientales distintas», añade su compañero, el también doctor Alfredo González Nicieza.

Junto con ellos, también trabaja Leticia Viesca. La doctora es quien más se centra en el estudio genético de las especies que analizan. Cano y Nicieza, por otra parte, hacen más trabajo de campo: «Salimos a la montaña a recoger muestras de especies para comprobar y analizar, precisamente, los efectos de este cambio climático», explica Cano. «Nuestro grupo investiga cómo la evolución de las poblaciones de anfibios afecta a su capacidad para sobrevivir los efectos del cambio climático. Para ello seguimos las poblaciones en su medio natural, realizamos experimentos en el laboratorio y empleamos técnicas genómicas de última generación».

Los doctores estudian, analizan y comparan con otros especímenes de diversos países todo para aportar su «grano de arena» en la protección de estas especies. El futuro ‘arca’ de Mieres facilitará un poco más sus labores al poder guardar y conservar en sus tanques y acuarios numerosas muestras.

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