Un embajador de diez

Carmen Moriyón, Alberto Cabal, Fernando Castaño, Pedro Gorría, Paz Fernández Felgueroso, Marcelo Palacios, Moisés Robledo, Pablo Priesca y Antonio Maestro

Carmen Moriyón, Alberto Cabal, Fernando Castaño, Pedro Gorría, Paz Fernández Felgueroso, Marcelo Palacios, Moisés Robledo, Pablo Priesca y Antonio Maestro. Foto: Citoula

  • El avance científico es inductor del desarrollo tecnológico y da lugar a una mejora en la calidad de vida de nuestra sociedad», aseguró.
  • En su décimo aniversario, el Club de Empresas reconoce la labor del profesor de Física Pedro Gorría en la organización de congresos.

Se define Pedro Gorría Korres, profesor de Física de la Universidad de Oviedo, como «un científico al que le apasiona su profesión». Desde ayer es además, y con todos los honores, embajador de Gijón. Distinguido en la séptima edición de los premios que cada año entrega el Club de Empresas de Turismo de Negocios del Principado, es en realidad el décimo embajador, pues el primer año de vida de estos galardones fueron tres los reconocidos. Llega su premio en una edición especial porque «este no es un año más. Es el año diez», recordó Fernando Castaño, presidente del Club de Empresas. En 2011 se cumple el décimo aniversario de esta organización. «Lo que comenzó siendo un proyecto se ha convertido en una realidad. En la asociación está la fuerza que crea sinergias y genera negocios», destacó Castaño en el teatro de la Laboral, que acogió el acto de entrega del premio y el posterior coctel.

Ante más de un centenar de personas, Pedro Gorría -artífice de la celebración en Gijón de tres reuniones científicas, la próxima el congreso internacional Ismanam, en junio- recogió la escultura ‘Gijón, la luz del Norte’, obra de Pablo Armesto, que supone además la renovación de la imagen del premio Embajadores. Hizo extensible el reconocimiento a toda la Universidad, pero sobre todo a su compañero de departamento Jesús Blanco, porque «se está distinguiendo el trabajo, esfuerzo, tiempo y recursos invertidos por un grupo de personas para reunir a científicos de países de los cinco continentes en esta ciudad para discutir e intercambiar ideas, fomentar colaboraciones entre grupos de investigación y difundir la ciencia en el más amplio sentido de esta expresión. Y a la vez, hacerlo desde una ciudad como Gijón, comprometida con esta tarea».

Su abuelo Pedro
Como científico, se permitió augurar que «como en el pasado y en la actualidad, en el futuro, el avance en el conocimiento científico será inductor del desarrollo tecnológico, dando lugar a una mejora en la calidad de vida de nuestra sociedad».

También hubo hueco en el discurso para sus padres -«todavía recuerdo su cara de susto cuando les dije que quería estudiar Física»-, su esposa y sus hijos mellizos. Pero fue especialmente emotivo el recuerdo a su abuelo Pedro, de quien lleva el nombre, fallecido hace más de veinte años y que fue su primer maestro. «Él me inculcó los valores más importantes en mi vida: el respeto hacia los demás, la capacidad crítica y la pasión por el conocimiento», apuntó. [...]

Vía El Comercio. Autora: Laura Mayordomo.

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