Un grupo de investigación liderado desde el campus de Mieres consigue medir la calidad del aire con líquenes

José Ramón Obeso, en las instalaciones de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad de Mieres. Foto: LNE

José Ramón Obeso, en las instalaciones de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad de Mieres. Foto: LNE

Un equipo de investigadores liderados por José Ramón Obeso, catedrático de Ecología de la Universidad de Oviedo y director de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad (UMIB), con sede en Mieres, trabaja en un proyecto pionero para medir la calidad del aire. La iniciativa, que se desarrolla en colaboración con la empresa energética EDP, utiliza diversos tipos de líquenes como biosensores ambientales. El proyecto ha sido respaldado por la Consejería de Economía y Empleo a través de sus ayudas a empresas para la ejecución de proyectos de I+D+i.

J. Vivas / La Nueva España

Los trabajos, en los que también participan José Ignacio García Alonso, Mariella Moldován y Jorge Álvarez Sostres, comenzaron a desarrollarse a finales de 2013. El equipo siguió el rastro de la “Xanthoria parietina”, un liquen de color amarillo especialmente resistente a diferentes elementos. “Los líquenes son organismos que toman sus nutrientes del aire de manera pasiva”, explican desde la Universidad, asegurando que “no pueden evitar su entrada ni expulsarlos”. Las poblaciones de “Xanthoria parietina” crecen a ritmo muy lento, según explica Obeso, por lo que una presencia destacada de este liquen en una determinada zona permitiría analizar la concentración de ciertos elementos químicos que se han ido acumulando en un periodo de tiempo relativamente largo. “El análisis detallado de estos líquenes en diferentes localidades nos permitirá saber cómo está distribuida la concentración de diferentes elementos en el territorio”, señala.

La utilización de líquenes como bioindicadores permite, por una parte, simplificar los procesos de sensorización sin desplegar costosos equipos y aprovechar así los servicios que pueden prestar los ecosistemas a la sociedad; y, por otra parte, permite determinar el nivel de contaminación en puntos en los que no existen sistemas automáticos de medida. Los líquenes recogidos se reparten en once estaciones de seguimiento de la contaminación en la zona central de Asturias. Allí, se introducen dentro de unas mallas que permiten la libre circulación del aire, de tal manera que los líquenes puedan absorber los elementos. Los investigadores revisan cada una de las estaciones una vez al mes para ir comprobando en qué medida se van acumulando los elementos de referencia y en qué momento se saturan los líquenes. Después se iniciará el proceso de análisis en laboratorio de las concentraciones de cada sustancia. Si el proyecto obtiene los resultados esperados, lo siguiente sería buscar la estandarización del método.

Esta entrada fue publicada en Cultura, Naturaleza y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Los comentarios están cerrados.