Una terapia robótica

Pepe» y «Lola» podrían ser los nombres de dos personas o de dos animales de compañía cualquiera. Pero es como los usuarios del psicogeriátrico de Modesta (Langreo) conocen a dos de sus utensilios de terapia más queridos. «Pepe» y «Lola» son dos focas, o mejor dicho, dos robots con forma de foca, traídos desde Japón para participar en las terapias con residentes con deterioros cognitivos graves o muy graves. Y los resultados de la interacción con estos robots, que actúan como verdaderos animales a los que hay que cuidar, acariciar y dar cariño, son «verdaderamente buenos». [Resultado de un proyecto de I+D+i del PCTI gestionado por FICYT]

L. M. D. / La Nueva España

Esta terapia, pionera en España, se aplica en el centro de la empresa Casta Salud en Langreo desde mayo de 2011. En un principio, se utilizó de forma experimental y, posteriormente, ya ha sito usada dentro de los recursos terapéuticos habituales del centro. En total, ahora son 16 las personas con deterioros cognitivos graves las que se benefician de la experiencia. La psicóloga del centro, Ana Belén de Juan, ha comprobado la efectividad del uso de estos animales robotizados con los residentes en el centro. Entre los aspectos en los que los usuarios mejoran destacan la estimulación y el estado de ánimo, que acaba reflejándose en su interacción con los demás residentes y también con sus familiares.

Las personas que asisten a las sesiones con la focas «Pepe» y «Lola» -genéricamente a estos robots se los llama «Paro», acrónimo del inglés «personal asistent robot»- tienen ya «un deterioro cerebral grave», lo que hace que sea difícil «encomendarles tareas relacionadas con la coordinación o el lenguaje» o cualquier otro tipo de terapia. Para ellos, el robot es un animal real, y lo toman en algunos casos por un perro, por un gato o incluso por un gran conejo que «quedaría muy bien en el cocido», según llegó a decir una vez una de las pacientes, tal y como relata De Juan.

Más allá de las anécdotas, la mejoría experimentada por los usuarios que interaccionan, peinan, cuidan e incluso hablan con «Pepe» y «Lola» es «mucho más importante de lo que pensábamos. Todos han mejorado y algunos de forma brutal». Uno de los asistentes que apenas articulaba palabra comenzó a hablar y a comunicarse intensamente a través del tacto, con caricias, algo que también beneficia especialmente a los familiares. Otro de los usuarios, una mujer deprimida, con alteraciones de conducta, participa ahora en las terapias «normales» y ha vuelto a coser.

El robot, que reacciona a los estímulos -caricias, sonidos- y que tiene incluso cierta capacidad de aprendizaje -no hace ciertos movimientos si es reprendido o se lleva un cachete-, permite a los usuarios que reciben la terapia «mostrar un mayor grado de interacción con los residentes» y tener menos dependencia de los cuidadores. La terapia, pionera en España, ya se está siguiendo también en el Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas (de la Fundación Reina Sofía) y en el Centro de Atención Integral Alzheimer León. Hasta el momento, además, sólo se utilizan en siete países: Japón (de donde provienen), Reino Unido, Suecia, Italia, Corea, Brunei y Estados Unidos. El psicogeriátrico de Modesta, impulsado por la empresa Casta Salud en colaboración con Hunosa, se encuentra al 75% de su capacidad, y cuenta con entre 85 y 95 usuarios.

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